Ollinia

Biografías, historias, textos y lecturas.

Sobre lo grande y lo pequeño.

Por: gerardomorah

En el universo abierto; en la amplitud y fondo del mismo; en su inmensidad. En el ámbito de los cuerpos celestes y sus transformaciones, los fenómenos que acontecen, el vacío, la materia y energía oscura, los agujeros negros, etc. Todo funciona siguiendo leyes que llamaremos astrofísicas, ordenan el aparente caos y dan sentido funcional a la existencia de esos cuerpos y energías.

En el planeta tierra; en nuestro ámbito cognoscente humano, en lo que somos capaces de percibir, de las leyes físicas descubiertas por los científicos. Esas leyes nos ayudan a explicar nuestra realidad y a expandir la conciencia.

En lo muy pequeño, lo subatómico, en el área de descubrimientos del acelerador de partículas. En la física cuántica. Las leyes parecen seguir una lógica distinta a lo que es de mayor tamaño.

En esta reflexión separamos en tres niveles las leyes físicas, dijimos que cada nivel obedece a un orden y a unas leyes reguladoras que dan funcionalidad a los elementos que componen cada nivel. Pero como la existencia es un todo, esos niveles no están separados, están  interrelacionados. ¿Cómo se interrelacionan? Quizá sea algo como: cuando A hace X, entonces B hace Y, y C hace Z. Siendo A, B y C los niveles físicos. La idea que se desprende es la de una secuencia de sucesos en donde uno afecta al otro y el otro al de al lado. Todas la leyes funcionan al mismo tiempo pero en distintos niveles físicos, influenciándose y retroalimentándose mutuamente.

Tal vez el término adecuado no sea el de niveles, sino el de dimensiones; dimensiones de existencia en donde sus elementos funcionan de una forma entre sí de manera horizontal, pero funcionan de forma distinta en un plano vertical.

Estas leyes físicas se refieren a formas, funcionamientos, secuencias, interacción,  intercomunicación; aclaración para no confundir este determinismo (como el nacer o morir), con el destino humano que podría ser una autoría colectiva de hombres y pueblos, en donde el camino de cada hombre no depende sólo de él sino de lo que hacen los demás en relación a él. Y siguiendo esta línea de pensamiento, el libre albedrío tendría su campo en la voluntad de cada hombre para tener iniciativas, emprendimientos y elecciones, en acertar y errar.

¿Y si el hombre no es el único que porfía para hacer su propio camino? ¿Y si los cuerpos celestes y las partículas subatómicas también buscan permanecer lo más posible? Es decir, que también tienen un campo de elección limitado.

Siguiendo con el orden y la funcionalidad de las leyes físicas, el surgimiento de la vida en la tierra deja de ser un milagro para convertirse en una misión, en un resultado de ciertas  combinaciones que siempre están realizándose, como si la realidad fuera un laboratorio que reinventa o aplica continuamente sus fórmulas para generar seres que llenen este espacio y luego lo liberen nuevamente.

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