Ollinia

Biografías, historias, textos y lecturas.

Voltaire, preparando su descanso eterno.

Francisco Rebolledo

Texto tomado de la Web

“Después de ese regreso triunfal ya no había nada por delante, Voltaire lo sabía muy bien. Las últimas fuerzas que le quedaban las dilapidó gustoso recibiendo el afecto de sus paisanos. Para principios de mayo de ese año (1778), su cuerpo estaba exhausto, dispuesto al reposo eterno.

Una sola empresa le quedaba pendiente y, como muchas otras que enfrentó a lo largo de su vida, supo resolverla con talento, incluso con humor: requería poner a salvo a sus inminentes restos mortales del odio de los jerarcas de la Iglesia francesa, que estaban muy lejos de haberlo perdonado.

Con la ayuda de su sobrina, Madame Denis, y del abate Mignot (también pariente suyo), urdió un plan digno de una novela de Swifft: después de que hubiese fallecido, sus restos serían trasladados en secreto fuera de París. Concretamente se llevarían a la abadía de Scellières, en Champagne. Allí embalsamarían el cadáver para llevarlo luego a la cripta que tenía destinada en la parroquia de Ferney.

Para cuajar el plan consiguieron incluso la aquiescencia del jefe de la policía de París, elemento clave en la fuga, pues él dejaría atravesar las garitas al carruaje que transporta el cadáver. El filósofo, me imagino que de muy buen humor pese a su postración, se aprestaba a jugar una última mala pasada al odioso clero parisino.Y lo consiguió, aunque a medias.

El 30 de mayo, después, por supuesto, de haberse confesado y de recibir la absolución, Voltaire se sumerge en el sueño eterno. Inmediatamente se pone en marcha en plan de fuga. El cuerpo logra salir de París y llega a Scellières, donde es embalsamado. Pero ya no hubo tiempo de enviarlo a Ferney. El arzobispado de París, enterado con retraso de la muerte del filósofo y de la huida de Madame Denis con los restos mortales de Voltaire, giró instrucciones a todos los obispados del reino para no aceptar ese cadáver en ningún camposanto.

Pero el abate Mignot, desafiando las órdenes recibidas, decidió darle cristiana sepultura en la abadía de Scellières. Voltaire podía estar tranquilo.Y estaría contento sin duda si supiese lo que ocurrió después con los restos de su famélico cuerpo: en 1791, en pleno auge de una revolución que le debía mucho a sus ideas, sus restos son trasladados, en solemnísima ceremonia, al Panteón de París. Allí reposa actualmente ese singular hombre que, para decirlo con las palabras de Fernando Savater, “estaba maravillosa, indecente, inagotablemente vivo…”

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//https://www.uaem.mx/difusion-y-medios/publicaciones/clasicos-de-la-resistencia-civil/files/homilias.pdf

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