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Biografías, historias, textos y lecturas.

Fray Servando Teresa de Mier, las vicisitudes de una mente lúcida.

Síntesis: gerardomorah

La anécdota del final de sus restos, no marca su labor intelectual ni su visión del momento histórico que le tocó vivir, ni sus penurias como preso político ni sus fugas de varios centros de reclusión. Porque eso escapó de su voluntad y quedó al juego de hombres necios.

Su cuerpo fuera exhumado en 1842 y colocado en un osario junto con otros 12 difuntos. En 1861 los liberales saquearon numerosas tumbas en busca de tesoros ocultos, lo que encontraron fueron los cuerpos momificados, decidieron exhibirlos como muestra de los excesos de la inquisición. Bernabé de la Parra, dueño de un circo trashumante, compró algunas de esos cuerpos momificados. La última vez que se tuvo noticias de estas momias fue en el siglo XIX, en un circo en Bélgica.

Nació en Monterrey, Nuevo León, en 1765. Ingresó a la orden dominica cuando tenía 16 años. Estudió filosofía y teología y obtuvo el doctorado a los 27 años.

El 12 de diciembre de 1794, durante los festejos del aniversario número 263 de la manifestación mariana de la virgen de Guadalupe, en presencia del virrey Miguel de la Grúa Talamanca, del arzobispo Alonso Nuñez de Haro y Peralta y varios miembros de la Real Audiencia de Nueva España, dijo las siguientes palabras:

“Guadalupe no está pintada en la tilma de Juan Diego sino en la capa de Santo Tomé (conocido por los indios como Quetzalcoatl) y apóstol de este reino. Mil setecientos cincuenta años antes del presente, la imagen de Nuestra señora de Guadalupe ya era muy célebre y adorada por los indios aztecas que eran cristianos, en la cima plana de esta sierra del Tenayuca, donde le erigió templo y la colocó Santo Tomé. (primer párrafo del sermón)

Yo haré ver que la historia de Guadalupe incluye y contiene la historia de la antigua Tonantzin, con su pelo y su lana, lo que no se ha advertido por estar su historia dispersa en los escritores de las antigüedades mexicanas”.

El arzobispo Dr. Alonso Núñez de Haro le acusó de herejía y blasfemia ante el Santo Oficio, por lo cual se le excomulgó y se le redujo a prisión.

Tras pasar dos meses en la fortaleza de San Juan de Ulúa el 7 de junio de 1795 embarcó en Veracruz, rumbo a Cádiz.

Fray Servando intentó apelar su condena, puesto que tanto los cargos como el procedimiento fueron ilegales, al ser miembro del clero regular no podía ser sentenciado por el obispo de México (clero secular), además de que fue sentenciado sin previo juicio.

El arzobispo Alonso Núñez de Haro condenó a Teresa de Mier a diez años de exilio en el convento dominico de Las Caldas, actual Cantabria, España. Del cual escapó rompiendo los barrotes de la celda con martillo y cincel; pero fue capturado y fue encarcelado de nueva cuenta. Esta vez fue confinado en el convento de San Francisco, en Burgos. En su nueva cárcel se le concedieron mayores libertades, por lo que pudo presentar su caso al Consejo de Indias.

La tesis de su sermón fue revisada por teólogos de la Inquisición, quienes determinaron que no hubo blasfemia ni herejía; sin embargo las influencias ejercidas por el obispo Nuñez de Haro impidieron su absolución.​ Por lo que en 1801 se escapó y se refugió en Bayona, Francia.

Cuando volvió a Madrid, fue preso por tercera vez, debido a una sátira en apoyo a la causa independentista mexicana. Fue enviado a un reformatorio en Sevilla, de donde escapó en 1804. Nuevamente fue arrestado y puesto en prisión, donde purgó una pena de tres años. Entonces, el Papa lo nombró su prelado particular, porque había convertido a dos rabinos al catolicismo.

En plena guerra entre Francia y España, Teresa de Mier, que se encontraba en Lisboa, volvió a la península como militar del cuerpo de Voluntarios de Valencia. Se presentó a numerosas batallas, entre otras a la batalla de Alcañiz, el 23 de mayo de 1809, en la que compuso unas famosas estrofas en honor a Fernando VII. Fue hecho prisionero en Belchite por los franceses, pero pudo escapar nuevamente.

Servando Teresa de Mier se encontraba en Cádiz durante los preparativos para la celebración de las Cortes constituyentes; cuando llegó la comisión de América, Mier vio que en ella se encontraba Lucas Alamán, un novohispano criollo con el que había entablado amistad en París —y que posteriormente sería su encarnizado rival político—. Alamán lo invitó a unirse a la bancada americana, de esta forma Mier participó en las cortes de Cádiz.

Otro miembro de la diputación americana era Miguel Ramos Arizpe, un criollo con el que Teresa de Mier entabló una amistad que duró hasta su muerte. Ambos con ideología liberal, Mier y Arizpe se convertirían en rivales políticos de Alamán durante los primeros congresos constituyentes mexicanos.

Tanto la participación de Mier, como de Arizpe en Cádiz fue destacada, el primero por su elocuente oratoria, y el segundo por su capacidad de negociación; no obstante Cádiz no arrojó los beneficios esperados para las colonias novohispanas, lo que desilusionó a ambos.

En Londres conoció al revolucionario español Xavier Mina, y puestos de acuerdo se decidió a acompañarlo en una expedición a Nueva España para pelear por la independencia del virreinato.

Con la captura de los insurgentes en el fuerte de Soto la Marina el 13 de junio de 1817, fue preso nuevamente, en esta ocasión por los realistas. Fue enviado a la Fortaleza de San Carlos de Perote, después a la cárcel de la Inquisición de la Ciudad de México,​ donde escribió parte de sus Memorias y finalmente se trasladó a La Habana en 1820. Escapando por sexta ocasión, se refugió en Filadelfia, donde permaneció hasta la consumación de la independencia de México.

En febrero de 1822 volvió a México arribando al puerto de Veracruz, pero de nueva cuenta fue hecho prisionero y enviado al castillo de San Juan de Ulúa, bajo el control de los españoles. Posteriormente, fue diputado al primer congreso mexicano por el estado de Nuevo León. Siempre se opuso a la formación de un Imperio Mexicano con Agustín de Iturbide a la cabeza, hecho que le valió la prisión por enésima vez. Escapó por última vez el 1 de enero de 1823, en esta ocasión del convento de Santo Domingo.

Teresa de Mier fue electo diputado al segundo Congreso Constituyente. El 13 de diciembre de 1823 pronunció su famoso “Discurso de las profecías”. En este discurso, se manifestaba a favor de una república federal moderada; cada país es y ha sido una federación diferente, por lo tanto existe más de una forma de federarse. El verdadero reto para el gobierno sería decidir cuál es la federación conveniente para México.

La carencia de educación y cultura, además del estado de guerra, son condiciones que implican la necesidad de unión para Teresa de Mier. La existencia de estas circunstancias en México lo condujo a favorecer una federación compacta.

Fue enterrado con honores en la cripta del antiguo convento de Santo Domingo de la ciudad de México.

Preclaro, valiente, intrépido, analítico, con criterio y luz propia, visión del mejor futuro para el país, adelantado a su época.

Las prisiones no lograron detener su persona por mucho tiempo, a su pensamiento penetrante nunca.

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Fuentes:

//https://www.mexicodesconocido.com.mx/fray-servando-teresa-de-mier.html

//https://es.wikipedia.org/wiki/Servando_Teresa_de_Mier

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