El ius fetiale y el ius gentium; por Elvira Méndez Chang

La doctrina internacionalista considera a el ius fetiale  y el ius gentium como antecedentes del Derecho Internacional Público contemporáneo.

1.- El ius fetiale  se refería a una esfera de actos que cubrían tanto las relaciones de Roma con otros pueblos como las relaciones al interior del populus Romanus. La realización de es estos actos estaba a cargo de los fetiales.

En Roma. los fetiales eran sacerdotes, formaban parte de un colegio religioso y estaban presididos por el pater patratus. Sus principales funciones eran: ser jueces y mensajeros de acuerdos (foedera)  de paz y de guerra; ser publici legati y nuntii (representante del populus romanus) en las relaciones externas de Roma con otros pueblos, tomar determinaciones en relación con la guerra; llevar a cabo el rito de celebración del acuerdo (foedus), la rerum repetitio (pedido de reparación que precedía la declaración de guerra) y declarar la bellum iustum piunque (declaración de guerra). Varrón subraya que los fetiales eran llamados así porque estaban encargados de la fe pública (fides publica) entre los pueblos.

Sin la sanción religiosa de los actos realizados por los fetiale; éstos no eran válidos ni vinculantes para el pueblo romano ni para los demás pueblos. Júpiter era el dios que vigila el cumplimiento del ius fetiale dentro del sistema jurídico romano; pero se reconoce un rol similar a las divinidades locales de los otros pueblos. Asimismo, la paz también era entendida como una dimensión de las relaciones con todos los dioses, romanos y extranjeros y, por ello, es que se habla de la pax deorum como el valor supremo en el que se reconoce la norma fundamental del sistema supranacional romano.

El ius fetiale se aplicaba a los pueblos e individuos sin que se requiera la suscripción de acuerdos (“tratados”) ni la reciprocidad.
Debe rechazarse su asimilación con el Derecho Internacional Público, laico, “contractualista” y sin carácter supranacional.

2. Ius Gentium como el derecho común a todos los pueblos.

El  pensamiento jurídico romano identificó que las distintas comunidades con quienes se relacionaban estaban compuestas por grupos más o menos extensos, generalmente encabezados por un hombre, que reunía en torno a sí a individuos,  unidos por vínculos jurídico-religiosos por vía masculina, quienes constituían una comunidad; estos grupos se llamaron gentes y sirvieron de punto de referencia para la construcción del concepto de ius gentium.

La necesidad práctica de tutelar las pretensiones de ciudadanos frente a los peregrini o de los peregrini entre sí en territorio romano, con la presencia del praetor peregrinos: como autoridad jurisdiccional romana, llevó a una elaboración teórica que, sin perder su carácter común y universal, formuló el ius Gentium, el cual se ubica en el sistema jurídico romano.

La existencia de normas e instituciones comunes en todos los pueblos se funda en la naturalis ratio (razón natural). La naturalis ratio sería el principio de la razón universal, inmanente a la naturaleza y observancia absoluta, que no puede ser desconocida por los hombres que habitan los pueblos del orbe: la razón civil no puede corromper los naturalia iura. Ello llevaría a reconocer la existencia de un mínimo jurídico común que sobrepasa las particularidades jurídicas locales privados con base en una objetiva realidad de las cosas, teniendo el ius gentium una absoluta inderogabilidad frente a la voluntad de los gobernantes. A esta inderogabilidad absoluta, se suma la constatación de que su validez como derecho común no dependía de que sean efectivas en los pueblos.

Las razones y el concepto del ius gentium ponen énfasis en que era un derecho común. Es decir, estaba compuesto por normas  que resultan comunes (aunque no sean iguales), válidas y vigentes en todos los pueblos. Esta vigencia y validez, que no está condicionada a su efectividad, estaba dada a todas las normas de ius Gentium. Existían y se aplicaban sin mediar acuerdos (foedera) entre los pueblos. Este conjunto de normas, que surge de esta conciencia común, no requiere estar recogido en un texto. Incluso, existe al margen de la voluntad de los gobernantes y de las particularidades de un pueblo, que no pueden ignorarlas, pues resultan válidas al margen de su efectividad.

La concepción universalista del Derecho –que se desarrolló a partir de la teoría de imperio de Augusto hasta Justiniano- planteó que los diversos derechos particulares estaban orgánicamente comprendidos en un derecho común y superior, que se extiende a todo el mundo y a todos los hombres: el ius romanum. Convirtió al Derecho Romano en el único vigente en todo el Imperio y universal. Con lo cual, gracias a Teodosio II y Justiniano I, se consolidó la concepción universalista, que se contrapone al “estatismo jurídico”.

Mientras maduraba y se consolidaba el ius romanum dentro de esta concepción universalista, surge una unidad de derecho: el ius commune gentium. Asimismo, se produjo el fenómeno que llevó a una paulatina fusión del ius civile y el ius gentium, el cual fue acelerado por el establecimiento del concepto de ius romanum.

Por lo antes expuesto, el ius gentium no fue concebido como el  Derecho Internacional Público. No regulaba un sistema interestatal, sino las relaciones entre los pueblos y los hombres entre sí, dentro de un derecho común.
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Méndez Chang, Elvira: “Derecho Romano, elemento de unidad en los procesos de integración en América Latina”, en: Seminario de Derecho Romano XXVI aniversario, coordinadora: Mercedes Gayosso y Navarrete, Universidad Veracruzana, México, 2000, 161 p.
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Opinión de gerardomora.

La mentalidad romana concebía que detrás  de cada relación humana, ya individual ya colectiva, dentro de una frontera, fuera de esa frontera; se genera una esfera en la cual subyace un sustrato de racionalidad común que permite comprender y compartir algunas instituciones jurídicas de acuerdo a casos específicos.

En sí, toda relación entre personas es susceptible de ser regulada jurídicamente.

La pretensión de validez extraterritorial basada en los sacerdotes y la religiosidad fue de carácter extrahumano, en cambio cuando se atuvo a la razón natural se apoyó en el hombre mismo y su naturaleza común.

La pretensión extraterritorial es de tipo aspiracional pragmática.

La extraterritorialidad no es de uno a uno (de un pueblo a otro pueblo) sino de uno a todos. Es decir, no es de vasallaje o sometimiento, sino de tipo general, neutral y recíproco.

Sabemos que la llamada razón natural es un concepto difuso, relativo, parcial y puede seguir lógicas locales.

El ius gentium se construye como una ficción jurídica para resolver problemáticas o asuntos extraterritoriales, dándole a sus leyes un carácter universal para aplicarse en ámbitos no soberanos, en un contexto histórico donde no existía la teoría del contrato social y sus derivados: los acuerdos y tratados internacionales.

Esa ficción jurídica supone que la ley romana es reconocida y aceptada por los demás pueblos, sin que deban explícitamente acordarlo.

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