Algo sobre el Corsario de Hierro, de Victor Mora.

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Fuente:

//http://leercomics-online.blogspot.mx/2015/01/el-corsario-de-hierro-el-circo.html

El Corsario de Hierro es una serie de historietas de aventuras creada por el guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós, que empezó a publicarse en 1970 en el semanario de humor Mortadelo (Editorial Bruguera).1 La obra tiene numerosas afinidades con otros famosos cómics de aventuras creados con anterioridad por Víctor Mora, como El Capitán Trueno o El Jabato, pero, a diferencia de éstos, pertenece al subgénero de piratas.

El protagonista asiste en su infancia al asesinato de su padre por Lord Benburry. Es adoptado por La Vieja Dama del Mar y se convierte en pirata, dedicándose a atacar preferentemente los barcos de Lord Benburry, ennoblecido ya por Carlos II de Inglaterra gracias a las riquezas adquiridas en su innoble labor. Antiguo pirata “Mano Azul”, no se llega a explicar jamás por que su mano deja de ser Azul en su vejez. Padece gota crónica, es uno de los nobles favoritos de la corte, y aunque ha abandonado la piratería sigue invirtiendo en todo tipo de actividades legales, pero inmorales como el tráfico de esclavos, la explotación de niños, o la colonización de América del Norte.

Durante una estancia en la cárcel el Corsario conoce a los dos personajes que le darán en adelante el adecuado contrapunto cómico: el gigantesco escocés Mac Meck y el extravagante mago italiano Merlini (que no dejan de recordar a los Goliath y Crispín de El Capitán Trueno o, más aún, a los Taurus y Fideo de Mileto de El Jabato). Mac Meck es un bonachón pastor escocés con una fuerza descomunal que entra en cólera cuando le ridiculizan por su “Kilt” mientras que Merlini es un esmirriado prestidigitador aficionado que siempre se mete en líos debido a sus fracasados “giocos di mani”; en realidad aspira a convertirse en alquimista de prestigio y sueña con dirigir una empresa de espectáculos. Merlini es el gran personaje cómico de la serie, más rica en humor que las anteriores de Víctor Mora.

Otros personajes de la serie son los siguientes:

Lady Roxana, sobrina de Lord Benburry, enamorada -¿cómo no?- del Corsario.
Princesa Bianca Di Orsini: Dama veneciana, amiga del Corsario, también enamorada de este.
Giancarlo:Tío alquimista de la Princesa Bianca Di Orsini autor de numerosos inventos y admirado por el inefable Merlini.
Diamba y Tamak, esclavos liberados por el Corsario.
Capitana Dagas: rival del Corsario que termina por convertirse en su aliada.
Des Brieux: lugarteniente de la Capitana Dagas y platónicamente enamorado de ella.
Colibrí: mujer india que está a punto de casarse con el Corsario.
Foxie: Jefe de la guardia de Lord Bemburry
Lord Archibald: Hermano de lord Bemburry al que éste trata de arrancarle sus riquezas.
Sinau de Esmirna: Mago hechicero enemigo del corsario.
Hassan el Eunuco
El boyardo Tamaroff
Turjan Pacha
El condottiere Negro
Fuente.
//https://es.wikipedia.org/wiki/El_Corsario_de_Hierro

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Expresa Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

“El 16 de noviembre de 1970 veía la luz el número 0 de una revista destinada a ser una de las cubiertas de mayor éxito del tebeo español: Mortadelo, a cargo de la editorial Bruguera.

La cuestión es que en ese mismo número 0 también se iniciaba la serialización de las aventuras de un personaje llamado El Corsario de Hierro, claramente incrustado en la tradición del tebeo español de los años 40 a 60, la edad de oro del cómic histórico de aventuras cuyos principales emblemas siempre serán

Por lo común, la aventura les sale al paso a los héroes, usualmente por su incapacidad para asistir a cualquier abuso sin intervenir a favor del débil. Y en casi todas ellas asistimos a los mismos lances: el ardid ejecutado con la ayuda de buenos disfraces (la aventura del Circo Bambadabum es un magnífico ejemplo); los continuos combates a espada; las innúmeras veces en que los personajes son heridos —por lo común, por algún maldito traidor que recurre a una pistola al comprobar su habilidad con el noble acero— y aprisionados; las recurrentes huidas; el habitual pago que dan los villanos a los sicarios que les han hecho algún siniestro servicio, ya sea esconder un escorpión en el saquito donde esperaban encontrar su muy merecido oro o arrojarlos a un pozo de tiburones (los escualos, por cierto, parecen una debilidad de los autores, que los sitúan en cualquier rincón acuático a donde van a parar los héroes).

El Corsario de Hierro, en especial, se recrea en su recurso al onirismo, a los numerosos momentos en que los personajes sueñan: dormidos, los héroes; despiertos, los villanos, por lo común imaginando muy gráficamente las más suculentas torturas a que van a someter a aquéllos… o el triste destino que les espera cuando sus planes parecen torcerse.

Vayamos a la génesis del personaje. En las primeras páginas de su saga se nos contaba el origen del Corsario: hijo de un capitán español asesinado por el pirata que tomó su barco, apodado Mano Azul, se libra del mismo destino (ser pasado por la plancha) porque uno de los hombres de aquél, compasivo, lo libera de sus ligaduras.

El niño es rescatado del mar y conducido a Eden End, un enclave maravilloso situado en la costa argelina —aunque, curiosamente, a un paso de él nacen densos bosques tropicales poblados por tribus negras— y protegido por un impenetrable murallón rocoso. Allí es adoptado por la misteriosa anciana conocida como la Vieja Dama del Mar, personaje del que nunca se nos llegaría a contar nada, pero que actúa como bienhechora de toda clase de oprimidos desde su refugio. El muchacho crece y se convierte en el principal de sus capitanes —lo de llamarlo Corsario, a todas luces, es por el atractivo de este término porque, fuera de sus acciones en el primer episodio, y que se reducen a atacar los barcos del antiguo Mano Azul, ahora convertido en un respetable lord inglés, el personaje jamás haría de la piratería o del corso su actividad principal. Bien al contrario, el Corsario de Hierro parece dedicado a una dorada inactividad que le permite recorrer el mundo del uno al otro confín, deteniéndose a corregir cuantas injusticias tienen lugar ante su paso. Y siempre sabiendo que en Eden End encontrará el «descanso delguerrero».

Justo es reconocer un rasgo que vuelve al personaje irresistiblemente simpático: su inveterada debilidad por la distensión. Por muchos peligros que arrostre, por muchas situaciones sin salida en que se vea atrapado, el Corsario jamás pierde el buen humor ni deja de tener tiempo para hacer frente a los villanos no solo con la espada sino también con la palabra. ¿Qué héroe dejaría escapar a un malvado porque la sorpresa de éste al reconocerlo le provoca un irresistible ataque de risa? Y eso que el Corsario podía haber resultado cargante debido a una circunstancia muy del gusto del guionista Víctor Mora: hacer que prácticamente cada una de las mujeres (por supuesto, siempre bellísimas) con las que se cruza se enamoren de él y sientan terribles celos de sus «competidoras» cuando más de una coinciden en la aventura. ”
Fuente:
//https://lamanodelextranjero.com/2015/09/02/el-corsario-de-hierro-por-todos-los-mac-meck/

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//http://www.tebeosfera.com/publicaciones/corsario_de_hierro_el_1987_b_-historica-.html

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