Comentario de gerardomorah V.

Cuando el sistema judicial decae.
El Derecho es un instrumento, una herramienta. Una extensión de la mano, una extensión de la mente.
Una conjunción de voluntades. Un pacto social de civilidad. Un acuerdo de convivencia colectiva. Regula relaciones interpersonales.

Esta herramienta debe estar calibrada, funcionar a la medida, debe responder utilitariamente al fin por el cual fue creada.

El criterio del juez o magistrado, no es precisamente libre, depende de predecentes, de principios generales de Derecho, de la norma abstracta. El razonamiento jurídico está regulado por los anteriores preceptos, además, es rígido, es formal, pretende valores absolutos.

Estas características provienen de un derecho antiguo, el derecho romano, que existió en otra época, en otro contexto, otra cultura, otras problemáticas humanas.

La actual crisis del sistema judicial, que permite la liberación de delincuentes, ya tiene rato de existir. Y ha originado conflictos con el ministerio público.

¿Porqué está en crisis el sistema judicial?
Por que está en un mundo ideal ajeno a la realidad de nuestro país. Y por estar ajeno a la realidad, está proporcionando impunidad a la delincuencia.

Está en crisis porque se está equivocando en sus decisiones, está fallando, está cometiendo errores.
Y para esta afirmación no recurro a sesudas argumentaciones, ni la fundamento en una decena de artículos ni en varias fojas de precedentes y criterios doctrinales. La afirmación se base en lo más simple que hay que es el sentido común.

El juez que libera a un delincuente de máxima peligrosidad, le ahorra el trabajo del escape o de la liberación por la fuerza por parte de sus cómplices.

Pero sí, hay un argumento de otro nivel. El de la jerarquía de valores. ¿Qué vale más, un principio general o la justicia de la víctima? ¿Qué vale más, el verdugo o la víctima? ¿Qué vale más, un principio abstracto o una vida concreta? ¿Qué vale más, un criterio formalmente correcto o impedir la impunidad?

En la mente del juez, se sentirá satisfecho de no hacer su trabajo por seguir una reglas absurdas.
Lo absurdo es que las ideas y los procedimientos y procesos no encajan, no se complementan, cada uno corre por su cuenta y camino.

Recapitulando: estamos hablando de decisiones jurisdiccionales juridicamente “correctas”, pero moralmente reprochables y socialmente perjudiciales.

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