Algo sobre el Coloquio de Invierno.

El Coloquio de Invierno. (Nexos, mayo de 1992)
Los temas del Coloquio: I. La situación mundial y la democracia, II. Las Américas en el horizonte del cambio, III. México y los cambios de nuestro tiempo.

Nosotros mismos tenemos una valoración inacabada del Coloquio de Invierno. Si hubiera que resumir su espíritu, diríamos que fue una invitación a repensar las cosas, más allá de las recetas heredadas del mundo bipolar de la posguerra. El leitmotiv del Coloquio fue, sobre todo, la noción de que la historia no ha terminado. El horizonte de nuestro futuro está abierto a la imaginación, no hay fórmulas triunfadoras que puedan resolver mecánicamente los problemas de nuestras sociedades.

Los viejos dilemas Mercado/Estado, Libertad/Igualdad, pueden y deben pensarse en un marco de matices más amplio que el del neoliberalismo ramplón o el estatismo de viejo cuño. Porque los grandes cambios de nuestro tiempo no han dado una respuesta satisfactoria a los nudos de siempre. Y muchísimo menos al mayor de todos: los abismos sociales del desarrollo.

Ese fue el tema central del Coloquio, lo que nos propusimos hacer y lo que, al menos en parte, creemos haber logrado. Durante diez días, en sesiones de ocho horas diarias promedio, los asistentes al Coloquio colmaron el Auditorio Alfonso Caso y en ocasiones ocuparon todos los espacios anexos al recinto, donde se habían instalado monitores para ver los debates. Sesenta instituciones públicas y privadas de educación superior recibieron la imagen de televisión. Doscientos periodistas acreditados cubrieron el evento. Sólo en los diarios de la capital, hasta la última semana de febrero, se habían publicado 585 notas informativas y 139 artículos de opinión sobre el Coloquio: más de 420 planas impresas.

Nexos fue el gestor de una aportación privada que pagó 1,000 de los 1,170 millones de pesos que costó la organización del Coloquio de Invierno.

Fuente:

http://www.nexos.com.mx/?p=6491
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Notas al margen del Coloquio de Invierno
Mabel Piccini

1.¿Hacia un nuevo orden mundial?
La interrogacion acerca del nuevo orden mundial fue punto de partida del programa y de las intervenciones de un heterogeneo conjunto de intelectuales, europeos y americanos, convocados para analizar “los grandes cambios de nuestro tiempo”

Fiel al espíritu de la época, los organizadores del encuentro (la Universidad Nacional Autónoma de Mexico, la revista
Nexos y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) se propusieron una moderada combinación de perspectivassumando voces de relativa heterogeneidad con el fin de ratificar, como se dijo, su vocacion por la tolerancia y el pluralismo.

El famoso pluralismo reposa, al fin de cuentas, en la imposición de ciertas y determinadas reglas: denunciar o
condenar en nombre de la democracia los fundamentalismos siempre que estos no sean la expresión de la
política de los aliados o de los posibles aliados.

Los problemas planteados en relación al “nuevo orden mundial” fueron los conocidos en las agendas
políticas de actualidad: el derrumbe del bloque socialista y la redefinición de los grandes poderes en los procesos
de globalización, las economías multinacionales y la concentración creciente de las tecnologías y el conocimiento
científico; a la par, paradójicamente, el resurgimiento de los nacionalismos, las tribus, las etnias, y un nuevo
aliento, se dijo, para restablecer “los equilibrios regionales” en las nuevas escenas políticas, culturales y económicas;
la creciente voluntad de “democracia” de las naciones pero sobre todo de los pueblos casi siempre referida a la
celebración de los procesos de modernización y del mercado libre y el costo relativo, porque el futuro será nuestro
que deberán pagar los paises y las clases objetos de exclusión o marginalidad en el presente para entrar plenamcnte
a la modernidad.

La proposición que Carlos Fuentes lanzó en la lección inaugural del Coloquio y que de alguna manera
marcaría el curso de las reflexiones posteriores: “Necesitamos elaborar las dimensiones (…) del ‘postcapitalismo’
una economía de mercado con responsabilidad cívica, seguridad social y dimensión espiritual”

La fórmula del que RoIand Barthes proponía para una clasificación general de las figuras míticas en el lenguaje ordinario: en particular aquella que remite a la idea o representación de la balanza (el ni-ni): ni tanto ni tan poco, ni un extremo ni el otro para finalmente recaer en un habla despolitizada. Se huye de lo real, que resulta intolerable -decia Barthes- reduciéndolo a dos contrarios que se equilibran por el solo hecho de haberlos vuelto formas, aliviados de su peso específico.

Estos pases mágicos redujeron la semántica del Coloquio a un régimen de relativa -o equivoca- sencillez. No es desorprender, pues, que las palabras o las frases mas invocadas fueran las que por la propia fuerza de la invocación
expulsan el caos del universo del sentido: orden, democracia, diálogo, equilibrio de fuerzas, coexistencia (del nomadismo rico con el nomadismo pobre, del jet con el burro de carga, de la aldea local.

Sin duda, lo que produjo un extraño efecto de espejismo en muchas de las intervenciones del Coloquio fue el conjunto de mecanismos de ocultación que se pusieron en juego para esquivar los datos de la terca realidad y, también, para sustentar una dramaturgia (la llamada “modernizacion”) que aparece como la inversión y negación sostenida de la historia de nuestros paises. Algo asi como la escena de las tragedias clásicas. El discurso circular impuso sus reglas ahora transfiguradas por la posibilidad de recurrir a un nuevo culto que podríamos designar como el neobarroco
político americano.

Victor Flores Olea: “Durante los años cincuenta, sesenta y setenta, perseguimos con denuedo la idea de que el desarrollo y el progreso serían la omnimoda posibilidad del futuro. Y, en efecto, hubo un crecimiento real, pero también una falsa riqueza que nunca satisfizo nuestras expectativas. Y lo peor: el esquema desarrollista negaba otras alternativas y cerraba posibilidades.

Olvidamos que no podemos reducir nuestro espacio a una convivencia puramente material, que somos un grupo denaciones, un “cuerpo moral de gente”, como define Antonio de Nebrija al conjunto de hablantes de una misma lengua, un vastísimo ser ético y cualitafivo.

La reflexión sobre una ética abstracta así como la que renueva la fe en la “identidad de los pueblos” ya es parte de la moda retro en los campos intelectuales. Reitera la vieja discusión sobre la idiosincracia y el espíritu de las naciones (S. Ramos, O. Paz, J. Portilla, E. Martinez Estrada); reitera tambien el discurso político oficial que habla en nombre de todos para proponer la conciliación de las voluntades dispersas y, en la mayoría de los casos, inconciliables.

Pero, como es sabido, en la actualidad el problema no consiste solo en la dispersión de las voluntades sometidas a losdespojamientos más extremos (de la seguridad, de la iniciativa política en las decisiones colectivas y hasta del derecho a la sobrevivencia) sino en la dispersión, lisa y llana, de los cuerpos que, en épocas de migraciones forzadas o de exilios no buscados, inician el éxodo hacia otros horizontes para proteger cosas tan elementales como la vida.

Vivimos, y heredamos, las culturas del desarraigo; en esos espacios el origen o el deseo de arraigo cede lugar a la conquista de precarias zonas de seguridad en las que los valores espirituales, por su propia naturaleza, son bastante más ingrávidos que lo que fue “la conquista de la América” para los inmigrantes de principios de siglo.

No deja de sorprender que estos tiempos marcados por las migraciones, las tecnologías a distancia y las grandescorporaciones multinacionales sea el tiempo en que la nueva casta de intelectuales intenta exhumar “el espiritu y la tradición de los pueblos” como principio de sobrevivencia colectiva o como recurso político para mantener una unidad inexistente. O que, ante las amenazas que se vislumbran a partir del “nuevo orden mundial”, se pueda vaticinar, como ocurrió en el Coloquio, que “se corre el peligro de, en estos negocios, perder el alma nacional de la que hablaba Reyes”.

Todo parece indicar que, a falta de mejores opciones, la nueva veta a explotar son los yacimientos culturales, porque, como se dijo, Latinoamerica tiene ante si una historia de enorme pluralismo y vastos territorios de una memoria aún intacta (V.F.O.). Los paisajes inmateriales son probablemente una de las nuevas debilidades de la antropología política, y en particular de la antropología política de nuestros paises: en América, por fortuna -agregó alguien mas- no existen los separatismos porque hemos logrado, en estos quinientos años, que la nación y la cultura coincidan (C.F.). Por esta ejemplar herencia histórica, el continente estaría en condiciones de mediar entre los extremos del capitalisnio y el comunismo, entre la economía global y las balcanizaciones políticas.

Asistimos, parece ser, si confiamos en las variadas intervenciones del Coloquio, a una nueva escena política en América Latina: la organización de los pueblos de abajo hacia arriba y de la periferia a los centros, con lo que estamos ante la aparición de una nueva cultura política en la que la “movilización permanente es un movimiento constante de socialización de la vida pública”. Ahora los ciudadanos, como nueva fuerza que replantea el ejercicio del poder, irrumpcn en la vida política desplazando la representación abstracta del Estado.

Fuente:
http://bidi.xoc.uam.mx/resumen_articulo.php?id=2111&archivo=7-139-2111tlq.pdf&titulo_articulo=Notas%20al%20margen%20del%20Coloquio%20de%20Invierno

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