La fugacidad del ser en la filosofía de Edith Stein: por Rubén Sánchez Muñoz.

Acerca de Edith Stein.
Edith Stein Courant, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891. Breslau era capital de Silesia ubicada al este de Alemania, en la actualidad recibe el nombre de Wroclaw y pertenece a Polonia.
El 2 de agosto de 1942, las hermanas carmelitas Edith y Rosa fueron aprehendidas por la Gestapo y sacadas del convento. El 9 de agosto murieron, Edith tenía 51 años. Fueron gasificadas en la cámara letal e incineradas en el horno crematorio.

La figura de Stein se instala en uno de los movimientos filosóficos más influyentes del siglo XX, la fenomenología, que buscaba la objetividad en contraposición del idealismo Kantiano, Neokantiano y del psicologismo.
Fue discípula, primero, asistente después, y por último crítica del pensamiento de Edmund Husserl, creador del método fenomenológico que en algún momento se desvió al idealismo nuevamente.

Una tarde, en el año de 1921, cuando visitaba a su amiga Hedwing Conrad-Martius, que también perteneció a la escuela fenomenológica, tomó al azar un libro de la biblioteca y lo leyó de principio a fin; al terminar de leerlo en la noche, se dijo: “esto es la verdad” Había leído “Vida de Santa Teresa de Jesús” Edith Stein había buscado la verdad y encontró a Dios.

Edith Stein: judía, fenomenóloga, feminista, conversa al catolicismo y santa (Santa Teresa Benedicta de la Cruz). En 1936 terminó su obra principal “Ser finito y ser eterno” en donde fusiona fenomenología y tomismo.

La fe como fuente de conocimiento.
Santo Tomás introduce la distinción entre “razón natural” y “sobrenatural”. Esta distinción será fundamental para que Edith Stein considere la razón sobrenatural, es decir, la fe, la revelación, como vía de acceso a la verdad y, por ende, como fuente de conocimiento.

Si el conocimiento racional tiene límites, de ello se sigue, en los estudios de Edith, que ciertas verdades las cuales están fuera de las fronteras del entendimiento humano y que pueden ser descubiertas por la fe. “Y si la fe alumbra verdades inalcanzables por otra vía, la razón no puede renunciar entonces a esas verdades de la fe sin sacrificar, siquiera por una vez, su pretensión universal de verdad”

La filosofía como actividad propia de la razón tiene acceso a la verdad, pero siempre es una verdad incompleta, no acabada y finita. La fe puede proporcionar una verdad más completa, una verdad revelada.
“Una comprensión racional del mundo, es decir, una metafísica ´-y, en última instancia, a ésta apunta la intención de toda filosofía, oculta o abiertamente- sólo puede conquistarse por medio de la razón natural y sobrenatural juntas.” Stein

“Dios es la verdad. Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente o no.” Stein
La filosofía de Stein, además pretendía confrontar el nihilismo de la época en que vivió, desprovista de fundamentos, sin fe, sin valores. Al introducir la fe como fuente de conocimiento. Edith está intentando romper con el nihilismo de la época. La fe, la búsqueda de un fundamento en Dios, restablecería la confianza del hombre de nuestro tiempo desde esta propuesta.

La crítica al idealismo trascendental.
Edmund Husserl tomó el camino que había criticado y adoptó para su filosofía el nombre de idealismo trascendental.
El yo puro para Stein es el “yo presente en cada experiencia: yo pienso, yo concluyo, yo me alegro, yo deseo; y este yo está orientado hacia lo que es pensado, percibido, deseado y demás desde un acto intencional de la conciencia.
Edith considera que la intencionalidad tiene un doble sentido, esos dos significados son el sujeto y el objeto: el sujeto porque la conciencia le pertenece a alguien y el objeto porque los contenidos de conciencia proceden de una cosa distinta de la conciencia.

El objeto llega a ser parte del pensamiento, digámoslo así, en tanto que es captado por el sujeto, pero la cosa es independiente del pensamiento y no depende de sus leyes para existir.
“Y si con lo interno del cuerpo no aludimos a un interior espacial, sino a un interior en el sentido inespacial, al que denominaremos precisamente “alma”, advertiremos que todo cuerpo vivo tiene un lado anímico. Y de esta forma llegamos al significado propio del término “alma”. “Tener alma” quiere decir poseer un centro interior, en el que se percibe cómo entrechoca todo lo que viene de fuera, y del que procede cuando se manifiesta en la conducta del cuerpo como proveniente de dentro. Se trata de un punto de intercambio, en que impactan los estímulos y del que salen las respuestas.” Stein

La fugacidad del ser o de la finitud de la existencia humana.
El yo.
El sentido del yo como certeza significa para Stein que el yo, es lo que me está más cerca, es inseparable de mí y constituye un punto de partida detrás del cual es imposible ir más atrás.
La conciencia del yo es afectada por los fenómenos en la medida que ese yo vive. “Yo no puedo experimentar nada sin estar yo mismo presente cuando participante de la experiencia. Yo existo y mi existencia está presupuesta antes de cualquier percepción externa. Existo y existo viviendo. Mi yo es un yo vivo.
Descartes centra su mirada en el pensamiento y no en la mirada.

Tampoco se trata de un vitalismo la filosofía de Edith, su análisis tomo como punto de partida la conciencia y su reflexión, vista en conjunto, no tiene como centro la vida sino la estructura de la persona humana.
Edith analiza al yo como conciencia, pero es una conciencia que por medio de la experiencia se llena de contenidos, es decir, el yo cognoscente, en la medida en que vive, se pone en contacto con las cosas a través de la experiencia y forma sus vivencias.
“El yo no pasa y no se termina, sino que está vivo en cada ahora.” La existencia del yo ha de comprenderse en y desde la temporalidad. El yo se descubre en su facticidad.

El ser fugaz.
La fugacidad de la que habla Edith Stein es, entonces la de un ser temporal, un ser que instala su existencia en el devenir del tiempo.
Lo que es a la vez actual y potencial tiene necesidad de tiempo para pasar de lo uno a lo otro. El ser actual y potencial es un ser temporal. El ser temporal es movimiento existencial: es un brotar de actualidad contínuo y perpetuo.
¿Y qué es el tiempo entonces? “El tiempo es simplemente el presente que pasa por el punto de contacto existencial.” El encuentro entre el “ser” y el “tiempo” tiene su morada en el presente.

El presente se actualiza de instante a instante y de manera contínua. Por ello el contacto entre el ser actual y el tiempo sólo puede darse en un punto y jamás en una extensión.
El pasado y el futuro se traen al presente; tendríamos así un presente del pasado y presente del futuro.

La potencia y el acto son entendidos, respectivamente, como posibilidad y como realidad.
Edith estableció una concepción del yo como una “unidad de flujo de conciencia.” “En este sentido el ser es un devenir y siempre lo será, no se convertirá jamás en un ser (en reposo).” Este ser tiene la necesidad del tiempo.
La vida del yo, por consiguiente, transita de manera contínua del pasado hacia el futuro pasando ligeramente por el presente. De esta manera se explica que lo que está en potencia de forma constante se convierte en actual y lo que es actual vuelve a caer en la potencialidad.

El pensamiento en el que yo actualmente vivo es una unidad de experiencia vital diferente a mi pensamiento de hace algunas horas en relación con la misma cosa.

El ser sostenido y la crítica moderna contemporáneo.
El fundamento de la ontología steniana debe encontrarse en la relación entre filosofía y fe. “El sostén de mi existencia y del mundo se encuentra en Dios.”
“Toda cosa temporal en cuanto tal es fugaz y ella misma tiene necesidad de un sostén eterno.” Stein
Nos descubrimos existiendo. “El yo y su ser residen inevitablemente allí, el yo es una cosa arrojada en la existencia, es decir, el ser finito.” “Está puesto en la existencia y allí es conservado de un instante al otro.”

Para Heidegger, el hombre es arrojado al mundo a partir de la nada y encaminado hacia ella.
Edith parte de un fundamento que mantiene de pie al ser finito. El hombre no es lanzado a un mundo absurdo, si por absurdo entendemos un mundo carente de sentido. El ser del hombre es un ser creado, una existencia que tiene soporte y, por ende, una existencia que no marcha sin rumbo ni a la deriva.

“El yo, al sobrepasar en pensamiento todos los grados que le son inaccesibles y al llegar a la frontera-límite de lo que puede imaginar, llega a la idea de un ser que todo lo abraza.
“Ser creado significa ser puesto fuera de Dios y tener un ser distinto del ser en la mente divina.”
Pese a la temporalidad a la cual está sometido nuestro ser, finito y creado, existe un brazo que nos da seguridad y confianza. El ser del yo es una cosa recibida. Está puesto en la existencia y allí es conservado de un instante al otro. No hay razón para que el ser creado se sienta inseguro viviendo en el pesimismo de una vida sin sentido.

“Yo, a pesar de esta fugacidad, soy y soy conservado en el ser de un instante al otro; en fin, en mi ser fugitivo yo abrazo a un ser duradero. En mi ser yo me encuentro entonces con otro ser que no es el mío, sino que es el sostén y el fundamento de mi ser que no posee en sí mismo ni sostén ni fundamento.” Stein

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Sánchez, Munoz Rubén: “La fugacidad del ser en la filosofía de Edith Stein”, primera edición, Editora del Gobierno, Gobierno del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave, México, 2010, p. 217.

La fugacidad del ser en la filosofía de Edith Stein.

La fugacidad del ser en la filosofía de Edith Stein.

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En la portada.
El presente volumen abre un camino hacia las profundas y cálidas reflexiones de una filófa de extraordinaria figura. Edith Stein, cubierta de misterio y escondida en las faldas de una incesante búsqueda de la verdad, funda su vida bajo un velo de contradicciones. Sin embargo, su conversión al catolicismo siendo judía, hasta sus estudios confrontando la fenomenología y el tomismo, hacen posible ese diálogo entre su presente y las antiguas creencias.
Evidenciar dicho diálogo, que diera consonancia a la vida de esta gran mujer, es la tarea que Rubén Sánchez Muñoz realiza en la presente investigación de la fugacidad, donde la finitud del ser es analizada de manera especial y con puntualidad, a fin de determinar la posición ontológica en la que se planta la filosofía steniana.
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En contraportada.
Rubén Sánchez Muñoz es licenciado en Filosofía por la Universidad Veracruzana; cursa la Maestría en Filosofía donde estudia la antropología fenomenológica de Edith Stein. Es becario de CONACYT dentro del Padrón de Excelencia en Estudios de Posgrado y colabora en la Facultad de Filosofía de la Universidad Veracruzana en el proyecto “Racionalidad en las Filósofas del siglo XX”, dirigido por Angélica Salmerón Jiménez. Ha publicado artículos en las revistas Contrapunto y La Ciencia y el Hombre.
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Edith Stein Courant

Edith Stein Courant

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