Coloquio: “El Siglo XX: la experiencia de la libertad”

Preámbulo.
Texto de Xavier Rodríguez Ledesma.

1989 es un año importante, marca un hito histórico. La caída del muro de Berlín en los primeros días de noviembre fue el inicio del desmantelamiento completo de lo que era el mundo socialista. Los cambios políticos, el reconocimiento de la quiebra económica del proyecto socialista soviético, iniciado años atrás con la llegada al poder en la Unión Soviética del grupo encabezado por Mijael Gorvachov y el establecimiento de la Perestroika, el resurgimiento de los nacionalismos en Europa y el fin de la guerra fría, tienen en 1989 su año de referencia.

La revista Vuelta organizó para la semana del 27 de agosto al 1°de septiembre de 1990 un encuentro -titulado “El siglo XX: la experiencia de la libertad”- entre varios de los más connotados intelectuales contemporáneos para discutir sobre el fin del socialismo y del marxismo y el subsecuente reencuentro con la libertad. Entre los invitados figuraron personalidades reconocidas del mundo intelectual contemporáneo: Leszek Kolakowsky, Daniel Bell, Irving Howe, Agnes Heller, Cornelius Castoriadis, Jean François Revel, Hugh Trevor Roper, Lucio Colletti, Jorge Semprún, Jose Guillherme Merquior, Carlos Franqui, Norman Manea, Jorge Edwards, Michael Ignatieff, Hugh Thomas,Marios Vargas Llosa, entre otros. Y por México: Adolfo Sánchez Vázquez, Arnaldo Córdoba, Carlos Monsiváis, Héctor Aguilar Camín, Juan María Alponte, Rafael Segovia, Luis Villoro, Enrique Krause, Isabel Turrent, Alberto Ruy Sánchez, etc. No se invitaron a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Roger Bartra, Eduardo Galeano, etc.

Los títulos de la mesas fueron: “Del socialismo autoritario a la difícil libertad”, “De la economía estatal a la de mercado”, “Del comunismo a la sociedad abierta”, “De la literatura cautiva a la literatura en libertad”, etc.

A los invitados se les pagaron 5000 dólares por su participación, más sus gastos de traslado y hospedaje. Los patrocinadores del evento fueron, entre otros, Televisa, Pedro Domecq, IBM, Pemex y Benson & Hedges.

Las discusiones fueron a puerta cerrada. A ellas sólo pudieron entrar los ponentes y el público de cada mesa lo constituían los otros intelectuales que no participaban directamente en la mesa.
La difusión masiva corrió por cuenta de Cablevisión, pero a media semana Televisa decidió transmitirlo por un canal de cobertura normal.
Fuente.

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El encuentro de la Revista Vuelta.

Octavio Paz dictó cátedra ante cincuenta intelectuales del mundo.
Enrique Maza 1990.
Resumen.
“No puedo hacer una síntesis de todo lo que se ha dicho aquí, porque sería injusto con ustedes”. Terminaba la primera mesa, el lunes 27 de agosto por la mañana del encuentro internacional de intelectuales convocado y organizado por la Revista Vuelta y que tuvo lugar, en cuanto al público se refiere, en Televisa, canal 17 de Cablevisión.

Octavio Paz, el director de la revista, cuyo poder de convocatoria logró reunir a una treintena de intelectuales del mundo occidental y a una veintena -poco menos- de mexicanos, era el moderador de la mesa.

Como moderador, diría, no tenía derecho a participar formalmente ni a opinar. “Pero”. Y dentro del “pero” cupieron siempre todas sus intervenciones, sus juicios sobre lo que decían los demás, sus acuerdos y sus desacuerdos y, sobre todo, su última palabra.

Era el foro, era el espectáculo, era la tribuna, era el Olimpo de Octavio Paz.
“Pero sí me gustaría señalar algunas coincidencias”. Octavio Paz quería concluir y concluyó lo que quería.

Las coincidencias: “Una, absolutamente obvia, es que asistimos al fin del socialismo real. Esto es un hecho. También parece que asistimos al fin del marxismo. En eso creo que la única voz disidente es la de Adolfo Sánchez Vázquez (doctor en filosofía y profesor de la UNAM).

Todos los demás pensamos que, en realidad, como filosofía, ha hecho su vida y pertenece ya a la historia de la filosofía, como otras teorías filosóficas que han tenido también una gran influencia.

El neoplatonismo iluminó al siglo XVI y ya en el siglo XVII la gente empezaba a reírse de él y ya nadie creía en lo que afirmaba Giordano Bruno. Pero muchas de las ideas de Giordano Bruno circulan en nuestra sangre intelectual, como muchas de las ideas de Platón, sin que eso signifique que aceptemos la academia platónica. De modo que algunas de las ideas del marxismo ya circulan en nuestra sangre intelectual, pero nada más”.

Octavio Paz, acababa de pronunciar su oración fúnebre en el funeral del marxismo. No, la única voz disidente no fue la de Sánchez Vázquez, por lo menos a lo largo del encuentro. Varios otros desentonaron en el coro funerario y matizaron inteligentemente su postura.

Monsiváis lo sintetizaría en esta forma: “Ni todo el peso del desprestigio estalinista evita que uno siga creyendo en la necesidad de la justicia social. El problema de hablar tanto del fin del socialismo es que muchos promotores de la economía de mercado quieren identificarlo con el fin de la justicia social.”

Paz seguía concluyendo: “La gran interrogación de nuestro tiempo es cómo construir la libertad. Todos sabemos que, para que haya libertad, es necesario el mercado. Sin el mercado no hay vida económica activa, ni producción, ni distribución. El mercado, evidentemente, es más antiguo que el capitalismo. Nació antes. Y en México también había mercados, había los tianguis. Pero, en su forma moderna, el mercado nace como una extensión del comercio, de la banca y, finalmente, de la técnica que modifica la naturaleza. Es decir, es una conquista de la modernidad”.

Jorge Semprún, el ministro de Cultura de España, había dicho que “la economía de mercado es el horizonte irrebasable de nuestro tiempo”.
Leszek Kolakowski, el profesor de historia de la filosofía en Oxford, había afirmado que “el capitalismo no es producto de la planeación, sino que surge espontáneamente como resultado del desarrollo del comercio; el capitalismo es la naturaleza humana en funciones, liberada, mientras que el socialismo es una invención de los filósofos, que no ha funcionado y que nunca funcionará”.
Se había dicho que el mercado de libre comercio es fundamento de la libertad, que no puede haber libertad sin mercado libre.
Daniel Bell, periodista, sociólogo y profesor emérito de Harvard, dijo que la gran falla de la revolución bolchevique fue “no haber sido suficientemente marxista, porque intentó aplicar el socialismo en un país que no había pasado por la experiencia del capitalismo moderno y de la democracia”.

En las intervenciones de Bell, de Semprúm y de Kolakowski, el problema religioso y moral de la avaricia, de la ambición, del egoísmo, que se refirió finalmente al problema más hondo de la maldad radical del hombre, enraizado en la tradición cristiana, como la gran interrogante que enfrenta todo planteamiento de una socieda futura. Si el hombre es radicalmente malo, no habrá sociedad que funcione. Si no lo es, todo el cristianismo es falso. Sólo que la realidad es la distribución injusta de los ingresos y el desequilibrio, siempre hacia el mismo lado, del comercio libre.
¿Cómo superar la codicia?, se preguntaba Bell, Kolakowski se fue hasta el Sermón de la Montaña y hasta los fundamentos de la tradición cristiana.

Sánchez Vázquez insistió: “No estamos ante la muerte del socialismo, sino ante la muerte del socialismo real. No queda cancelado el proyecto del socialismo, porque la necesidad de ese proyecto está justamente en la naturaleza misma del capitalismo, régimen de opresión y de explotación de individuos y de pueblos. El problema de la avaricia como componente de la naturaleza humana. Si el egoísmo fuera un componente de la naturaleza humana, sobre todo con carácter dominante, se cancelaría desde luego todo proyecto de emancipación”.
El capitalismo, dijo, es un sistema que corresponde al egoísmo, que hace proceder egoístamente de un modo natural. Ese fue el fracaso del socialismo real, querer institucionalizar la hermandad, forzarla, obligarla.
Semprún intervino: “Entramos al problema del egoísmo, al problema kantiano de cómo puede haber progreso social si se afirma que el mal radical es constitutivo de la libertad humana”.

Y el debate volvió al mercado libre que, en palabras de Semprún, “es la base sobre la cual se debe elaborar cualquier teoría social y cualquier posibilidad de desarrollo social, porque es la base de la libertad, y eso lo ha demostrado el siglo XX”.
Paz dijo: “Lo que está en crisis no es solamente el socialismo real, lo que está en crisis no es solamente el estalinismo. Están en crisis cosas básicas del marxismo, por ejemplo la idea de que el proletariado es una clase universal. Eso no es cierto. Y el proyecto mismo del marxismo. Y eso de que la historia tiene un sentido predeterminado. Al contrario. El descubrimiento de nuestra generación es saber que los historiadores de la antigüedad tenían razón, y que la fortuna, el accidente, es parte de la historia. Esto es lo que hace a la historia terrible y cruel, pero al mismo tiempo digna de ser vivida. Pero nuestro tema es averiguar cómo podemos construir, si se puede construir, una sociedad en la cual el mercado funcione, pero introduciendo ciertos mecanismos de correción.”

“Se ha hablado de libertad, se ha hablado de igualdad, se ha hablado de fraternidad. Después de todo, parece que la libertad tiene un límite y ese límite es la fraternidad. También la igualdad tiene un límite y es la libertad. Pero estas frases que inventaron en Francia con cierta genialidad, en realidad siguen siendo aplicables a nuestro momento. Yo creo que este primer Coloquio termina con una gran interrogación: ¿Qué hacer para que la libertad sea vivible?
***
Segundo día.
El papel de los intelectuales.
Lucio Colletti, italiano, profesor de filosofía, asentó de principio que los intelectuales de Europa Oriental van mucho más adelante que los intelectuales de Europa Occidental.
Semprúm volvió contra la izquierda occidental,que hoy está pagando políticamente su ceguera estalinista y su falta de apoyo a los movimientos libertarios de los países del Este. “Lo que hoy triunfa es la democracia, la formal, la burguesa”.
Jean François Revel, el periodista y escritor francés dijo: “Dejemos ya de proyectar nuestras propias ideas sobre lo que está ocurriendo, dejemos de decir lo que debería ocurrir y lo que debería de ser, y empecemos o observar lo que está pasando. Estamos teniendo ideas fijas sobre lo que ocurre. Lo que nos falta es información completa sobre los hechos y no proyectar nuestras ideas fijas sobre ellos. Esto es paradójico en America Latina, que tanto ha sufrido por las malas interpretaciones, entre otros, de los europeos. Nuestro narcisismo intelectual”.

Feher aceptó, en el nivel de la humildad, que el intelectual no se define por una capacitación especial, sino que es -individuo o grupo- alguien “capaz de dar una retrospectiva conceptualizada de los acontecimientos sociales”. Y habló de su papel actual, ejemplificado en Václav Havel, el presidente de Checoslovaquia, a partir de las revoluciones de 1989. “Este es el periodo postmaquiavélico de la política, la búsqueda de una nueva libertad -humana, de expresión, de opinión-, de un nuevo servicio al hombre. La política postmaquiavélica es la contribución más importante del intelectual en este siglo”.
Semprún habló de “la desaparición del intelectual orgánico y del nacimiento del intelectual inorgánico, recreador de la crítica, desorganizador, deslegitimizador, ligado a las experiencias de Europa Central. Havel empieza por desorganizar el ritual del poder. Deslegitima desde su legitimidad”.

En este contexto de la discusión, tomó la palabra Carlos Monsiváis y dividió a los intelectuales latinoamericanos y mexicanos en dos: “O son intelectuales fanáticos de izquierda o son intelectuales situados en el gobierno, sin convicciones, que no tienen el fanatismo de los de izquierda, sino el dogmatismo que nace del poder. Hicieron un daño enorme, sobre todo en la educación. El papel devastador de los intelectuales fanáticos fue mínimo en comparación con la devastación de estos otros intelectuales, que odiaban el fanatismo, pero que no ejercieron ninguna crítica a la depredación del poder, ni hicieron jamás el menor intento de frenar lo que se veía ya como un desastre económico, cultural y moral”.
Monsiváis fue acerbo. Los intelectuales dogmáticos situados en el poder renunciaron al conocimiento, mataron la crítica, devastaron la educación, saquearon el poder y creyeron en la economía de mercado con fanatismo estalinista.

Revel les recordó a todos que los intelectuales se han instalado en la superioridad y en la inerrancia, como si fueran dueños de uan competencia superior, y que ése fue precisamente el papel del intelectual orgánico, cuya muerte se está celebrando. Pero el intelectual es simplemente alguien que tiene un material conceptual un poco más rico, profesionalmente, y que, por tanto, puede desplegar un ingenio superior para justificar sus errores.

Feher advirtió que “el intelectual es el que menos raíces tiene en la realidad, es el más artificial”.
Colletti hizo un llamado: “El papel del intelectual tiene que impregnarse de modestia. La sociedad industrial moderna es demasiada compleja para que alguien tenga la solución y la claridad. Lo más difícil es gobernar el cambio, controlar la complejidad”.
Michael Ignatieff, el historiador canadiense que enseña en Londres. “Y esto plantea la pregunta moderna del papel de los intelectuales en el mundo de los medios de comunicaión. En este encuentro televisado, ¿a quién le estamos hablando? Tenemos la ilusión de estar transmitiendo. Pero estamos transmitiendo a lo estrecho, a un grupo muy pequeño. Hemos permitido que los medios de comunicación creen la ilusión de que ellos son, ante la caída de las antiguas instituciones, el lugar en que todas las clases y todos los grupos se reúnan. Reuniones como la nuestra hablan a personas que nos ven sin entendernos y sin creernos. Estamos aislados de la población. El intelectual, en las sociedades modernas, sigue estando tan aislado de la mayoría como lo estuvo en el pasado. El intelectual se tiene que enraizar”.
***
El jueves 30 en la tarde, Mario Vargas Llosa, el escritor peruano derrotado en las elecciones presidenciales de Perú, había hecho su descripción de las dictaduras latinoamericanas. Puso “a prueba” la nueva apertura y la democratización de México con su crítica a la dictadura mexicana. Y la describió así, en detalle, como “dictadura camuflada”. Por la permanencia en el poder de un partido inamovible, por su cooptación camuflada de los intelectuales, por su retórica justificativa, por su manipulación de la crítica útil, por su represión de la crítica peligrosa, por su financiamiento de los partidos opositores, por su manipulación interesada del pasado histórico prehispánico. Será un dictadura sui géneris, pero México no puede quedar exonerado de la tradición dictatorial latinoamericana.

Krauze aplaudió y dijo que era una “dictablanda”.
Y Paz se enojó. Le dio su coscorrón a “mi querido Krauze” por eso de la dictablanda, y arremetió contra Vargas Llosa, “porque yo, como escritor y como intelectual, prefiero la precisión”.
Agnes Heller le dijo una vez: “No somos seres económicos, somos seres totales”.
“Yo no hablé -dijo Paz- de dictadura, sino de sistema hegemónico de dominación; ésta es una distinción fundamental, esencial. Todo lo demás que ha dicho Vargaz Llosa es motivo de discusión, pero sí hay que poner muy en claro que en México hemos tenido un sistema de dominación hegemónica de un partido. Eso no es, mi querido Enrique Krauze, ni dictablanda ni dictadura”.

Tomado de la Revista Proceso, Semanario de Información y Análisis, No. 722, 3 de septiembre de 1990. p. 44 – 53.
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Expresa José Guilherme Merquior, intelectual brasileño. “En París participé hace algunos meses en un encuentro parecido en que se reunieron intelectuales, Kolakowski y Castoriadis, entre ellos, para discutir el colapso del comunismo en el Este europeo. Pero fue cosa de un día o dos. El encuentro mexicano, por su temática, su amplitud, su elenco de intelectuales, su hospitalidad y objetividad -al dividir el gran tema del conflicto ideológico de nuestro tiempo luego de la llamada revolución europea de 1989 en subtemáticas- es superior. Debemos felicitar a Octavio Paz y a los organizadores del encuentro por esta idea fecunda”.
Proceso, Idem p. 50

Pablo Gómez, en la Jornada, consideró que “resulta paradójico que en México se realice un festín intelectual internacional para celebrar la democratización de Europa del Este, mientras que es este país prevalece un oprobioso régimen autocrático que se empeña en impedir, un y otra vez, el establecimiento de la república democrática.
Proceso, Idem p. 46
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Enrico Mario Santi y Héctor Aimes.
“Octavio Paz, ha tenido un papel protagónico en la cultura mexicana, ya que logra configurar y mantener una visión hegemónica de la literatura, el arte y la crítica cultural desde los años cincuenta”.
Fuente.

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2 comentarios

  1. Gerardo Bonilla

    Estimado Gerardo Mora ,

    Podrias informarme donde puedo conseguir los videograbaciones del Encuentro Internacional de Intelectuales (1990) Titulo El Siglo XX : La Experiencia de la Libertad son 11 videocasetes

    • Hola: Desconozco dónde conseguir los videos.
      Saludos.

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