María Egipciaca: de Ricardo Garibay

Santa María Egipciaca, de Luis Salvador Carmona.

Santa María Egipciaca, de Luis Salvador Carmona.

María Egipciaca comenzó a pecar a los doce años de edad. Y acaso un poco antes, porque era inocente pero retobada y por eso la castigaban sin cesar sus padres.

 -Y ella dijo: “No. ¿Por qué? Ya me voy”

Y a  los doce años la encontraron camino de Alejandría, y como era el 350 de nuestra era, más o menos, Alejandría quedaba lejos de todas partes, y los caminos eran duros y aventureros, y cuando por fin llegó ya había pecado María Egipciaca. Pero era fuerte y no se espantó y sí se relamía.

-Y dijo: “Ya empecé, de modo que adelante con los faroles”.

Y a pecar sin tregua y sin fatiga. Mucho tiempo después, en el desierto, le dijo a Zózimo que en aquella ciudad se había abandonado a la vida más desordenada que pudiera alma alguna imaginar. E imaginar debemos que, como era de temperamento agresivo, tendía a la exageración, pero sí quedaron leyendas de su conducta. Solamente hombres muy enteros y viciosos, y mujeres lo mismo, pudieron soportar el hambre voraz de vida turbulenta  de la adolescente. Hizo fama y fortuna, como era natural.

 De regiones distantes llegaban por ella príncipes y mercaderes.

-Y ella decía: “Algunos mendigos me han hablado, en lo público, de penas eternas. No dudo de ellas y está bien que las haya; si no ¿cómo pagaría este hartazgo?”.

Un día en los muelles supo que mucha gente se embarcaba rumbo a Jerusalén, para celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

-Alejandría no podía darle más, y María Egipciaca dijo: “¿Jerusalen? ¿La venerada, la santa, la celestial? Vamos, me gusta para lo mío”.

Y en Jerusalén se convirtió en verdadera piedra de escándalo. No hubo mitote innombrable donde no figurara principalmente. Sus secretos iban de boca en boca interrumpiendo las plegarias, exhumando apetitos, torciendo costumbres, derruyendo honores y precipitando a las almas al abismo.

Dicen que su ángel de la guarda lloraba solitario y polvoso en la margen del Jordán. El nombre de la egipciaca llegó a ser maldito y proscrito puerta adentro de las casas.

-“María – le dijo una mañana un niño que con mucho esfuerzo caminaba con dos cántaros, uno lleno de aceite de oliva, y de agua el otro – , tú no puedes ver la cruz del Salvador. Está en ese templo, donde va entrando toda aquella gente. Pero tú no puedes entrar. No puedes verla”.  “¿Por qué? ¿Y a tí qué te importa?” – le gritó María Egipciaca- Porque no puedes. Porque la Cruz y tú son como el agua y el aceite de mis cántaros”. Y el niño consiguió después de decir eso fuerza de no sé dónde y se alejó aprisa y derecho.

– María dijo: “Voy a ver la Cruz. ¿Por qué no había de verla?”. Y echó a andar hacia el templo. Justo en el umbral sintió una delicada pero invencible fuerza que le atoraba el paso, más que muro de piedra era aquello, invisible. Y a la vez delante de ella se abrió una claridad que era radiante arriba, y abajo, en el hondo, dejaba ver cosas negras que se retorcían.

-María Egipciaca dijo, como si alguien o algo hablara dentro de ella: “De cuánto me he perdido. Con cuánto daño he vivido. Válgame a mí la Reina del Pan de Trigo”. Pudo entrar inmediatamente. Y en viendo la Cruz, lloró un mar o lloró varios mares, hasta que la sacaron en peso.

 Al día siguiente sintió  un hambre extraña y urgente, y fue y confesó y recibió la Comunión. Un poco después unos que entraron la saludaron en la puerta de la ciudad, ella iba ya rumbo al desierto. “¿A dónde vas María? Traemos el vino del insomnio y el deseo”. Ella respondió naturalmente: “Voy a hacer penitencia”.

Caminó y caminó buscando lo más áspero de los vacíos. Se detuvo donde sólo había cuevas, arenas y reptiles. Se puso a vivir en oración. A veces masticaba alguna brizna de yerba.

Cincuenta años después, Zósimo escapó de noche de su convento, para pasar en apartamiento la Cuaresma. Y cuando ya lo espantaban los muchos días que había caminado y caminado para hallarse enteramente en quietud, sintió en aquellos miles soles un aire de frescura. Se resolvió buscando ese aire, y vio un fantasma de mucha edad e inexplicable juventud. El fantasma avanzaba casi flotando unos milímetros arriba de la arena. Avanzaba con apacible elegancia, desparramaba un frescor como el rocío del amanecer.

Era el Viernes Santo del año 420, eran las tres de la tarde. Se arrodilló María Egipciaca y pidió el Pan de Trigo. Luego se alzó y parecía inmaterial y se perdió hacia sus tremendas soledades, celestiales ya.

Tomado de la Revista Proceso, Semanario de Información y Análisis, No. 649, 10 de abril de 1989, México, p. 56.

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Santa María Egipciaca

http://www.cancionnueva.com.es/santa-maria-egipciaca/

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Ricardo Garibay.

Ricardo Garibay.

Ricardo Garibay (Tulancingo, Hidalgo, 18 de enero de 1923 – Cuernavaca, Morelos, 3 de mayo de 1999) fue un escritor y periodista mexicano. Estudió la licenciatura en derecho en la UNAM, donde además fue profesor de literatura.

Jefe de prensa de la SEP. Fue conductor del programa de televisión «Calidoscopio: Temas de Garibay» en Canal 13, Imevisión (México). Fue presidente del Colegio de Ciencias y Artes de Hidalgo, en Pachuca.

Colaboró en Revista de la Universidad de México, Proceso (de la que fue cofundador), Novedades y Excelsior. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, de 1952 a 1953, e ingresó al Sistema Nacional de Creadores Artísticos de México (SNCA), como creador emérito, en 1994.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Garibay
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En su obituario, Adolfo Castañón escribió: “Ricardo Garibay aparece como un artesano riguroso de la palabra eclipsado por la fuerza de una personalidad  malhumorada, a veces estrepitosa, orgullosa hasta el enfado. Algo en él recuerda a Ernest Hemingway: el culto del hombre rudo, la devoción machista, aparejada a un deportivo virtuosismo del cuento real.”
http://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Garibay
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Expresa Sandro Cohen de Ricardo Garibay:

“Ya para entonces, cuando colaborábamos en el programa Calidoscopio, sea con Ikram Antaki o María Pía Lamberti, me daba mucha risa su imagen de samurái mexicano vestido con kimono japonés, porque sabía que él mismo construía su personaje, pero muchos lo tomaban muy en serio y no se dejaba seducir por el osito de peluche que se escondía en algún lugar dentro de ese
kimono.”
http://www.sandrocohen.org/cajaresonante/?p=594

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Trazo biográfico.
http://www.lanovelacorta.com/index.php?

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Êdoctum: El erotismo en la literatura I, Calidoscopio. Ikram Antaki y Ricardo Garibay.
Este audio forma parte de la serie ‘Caleidoscopio’, transmitida a finales de los 80 por el Canal 13 de la televisión mexicana.
http://www.youtube.com/watch?v=7zxuKDfWGVo
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Ernesto de la Peña con Ricardo Garibay .
http://www.youtube.com/watch?v=8iiR_V_PMbg

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1 comentario

  1. A ese Garibay no lo conocía, supongo tengo tarea que realizar al respecto, me bebí el relato. Gracias nuevamente.

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