Mi Libro de Sexto año, Lengua Nacional, Alegoría de la Patria III.

Por la profesora Carmen Norma.

Cubierta de Jorge González Camarena.

Ilustraciones, dibujos, fotodibujos y fotografías de:

Juan Madrid, Rubén Carmona, Rafael Fernández de Lara, Elvia Gómez Hoyuela, Juan Guzmán, Manuel Montes de Oca, Manuel Romero Ortiz, Felipe Sergio Ortega, Alberto de Trinidad Solís.

1968.

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Lección de Valentía.

Abrir las puertas del ánimo al valor significa asegurar de antemano el buen éxito en cualquier empresa. La historia nos ofrece vivos ejemplos de valentía aun en aquellos casos que el vulgo califica de temerario. He aquí uno:

Sabido es que Simón Bolívar, el Libertador de América del Sur, era hombre forjado en el metal de los héroes, pues aunque vencido por las tropas españolas en dos campañas sucesivas, no lo desanimaron los reveses ni lo amedrentó el doble fracaso, sino que reanudó la lucha con mayor brío, seguro del triunfo y de la definitiva victoria, firme actitud que comunicaba a sus soldados.

Entre las tropas del famoso caudillo venezolano distinguíanse los llamados “llaneros”, por proceder de los llanos de Barinas, quienes al mando del rico hacendado Páez formaron un regimiento de lanceros, cuyo segundo jefe era el teniente Arizmendi.

A la sazón, estaba anclada en el río Apure una cuadrilla española de “flecheras”, embarcaciones de forma de canoa, con quilla, movidas por canaletes. Antiguamente iban tripuladas por indios armados de flechas, de donde les vino el nombre; pero en aquella ocasión las tripulaban marineros españoles y estaban armadas con cañones pequeños.

Páez prometió a Bolívar que con sus lanceros se apoderaría de las “flecheras” ancladas en el río. Quienquiera que no hubiera sido el gran Libertador habría calificado de temeraria semejante aventura, ya que el agua no era el elemento apropiado para las maniobras de un arma tan de tierra como la caballería.

Decidido, valeroso, firme, Páez escogió cincuenta jinetes de los más fornidos; los reunió a la orilla del río, y dirigiéndose al improvisado escuadrón, lo arengó, henchido de bélico entusiasmo, diciendo simplemente:

-Hemos de apoderarnos de las “flecheras” o morir.

Al instante los soldados echaron al suelo todos sus arreos, que les hubiesen sido un estorbo, y, montando en pelo, se lanzaron al agua en dirección de la escuadrilla española. Lanza en boca, nadaban con un brazo; acariciaban con la otra el cuello del caballo, para animarlo a vencer la corriente, y a gritos ahuyentaban a los caimanes.

En vano dispararon los españoles sus cañoncitos, y antes que pudieran disparar otra vez, ya estaban brincando los lanceros a bordo de las “flecheras”, todas las cuales cayeron en su poder.

Movía a los héroes de esta hazaña el valor, un valor que los impulsaba sin el más leve asomo de miedo. La menor vacilación, duda o desconfianza respecto del feliz éxito de la empresa, los hubiera incapacitado para realizarla.

Vocabulario.

temerarios – arriesgados.

amedrentó – acobardó.

llanos de Barinas – los que se hallan en el estado venezolano del mismo nombre y próximo a la cuenca del río Apure.

a la sazón – en ese momento.

canaletes – remos de pala muy ancha.

henchido – lleno.

bélico – relativo a la guerra; con ánimo combativo.

recelo – desconfianza, duda.

(páginas 100 y 101).

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Rosas de Otoño.

Abandonada al lánguido beso

que alarga la otoñal melancolía,

tiembla la última rosa que por eso

es más hermosa cuanto más tardía.

 

Tiembla… Un pétalo cae… Y en la leve

imperfección que su belleza trunca,

se malogra algo de íntimo que debe

llegar acaso y que no llega nunca.

 

La flor, a cada pétalo caído,

como si lo llorara se doblega

bajo el fatal rigor que no ha debido

llegar jamás, pero que siempre llega.

 

Y en una blanda lentitud, dichosa

con la honda calma que la tarde vierte,

pasa el deshojamiento de la rosa

por las manos tranquilas de la muerte.

 Leopoldo Lugones (Argentino)

 Vocabulario.

lánguido – débil, fatigado.

embeleso – encantamiento.

trunca – corta, mutila.

(página 102)

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A los héroes jóvenes.

El grupo hermoso que formasteis, jóvenes héroes predilectos de la gloria, quedará como gallardo bajo relieve histórico en el monumento alzado por la patria, para perpetuar el recuerdo de los buenos y el ejemplo  de los grandes. Supisteis arrancaros a los brazos de la vida, que os oprimía contra su pecho, enamorada de vosotros, y correr a la Muerte, con la sonrisa en los labios, fijos los ojos en la bandera desplegada. ¡Cuántas promesas os hacía la aurora! ¡A cuántos esplendorosos triunfos os llamaba cada día el toque del clarín! ¡Qué vivos y palpitantes amores os cercaban! Y a todos renunciasteis y vuestra vida en flor cayó, segada por la hoz, en el oscuro campo de la Muerte. Los viejos árboles del bosque sagrado, vieron pasar las sombras graves de las madres y las sobras ruborizadas de las prometidas; de sus manos pálidas caían fragantes rosas, y de sus labios entreabiertos, surgía, empapada en llanto, la oración.

Después, esas dolientes sombras convirtiéronse en vivas apariciones luminosas. Os habían vuelto a hallar en lo inmortal y vuestro heroísmo había glorificado el amor que os tuvieron. Ya no les brota de los labios trémula plegaria, ni de las manos sin vigor les caen rosas efímeras. Los viejos árboles del bosque sagrado sienten, cuando ellas llegan, el roce de sedeñas, grandes alas, y se hincha la fronda levantada por himnos de poderosa vibración.

Llore la madre al hijo vivo en la vergüenza o en el vicio, llore al cobarde, llore al disoluto, no al que dando la vida por la patria, es imperecedero y noblemente hermoso y bueno.

No os robó el desamor, no os hurtó el olvido, no os arrancó mujer alguna ¡oh jóvenes desposadas! a los que amasteis con el alma toda, Quisieron ser inmortales para ser dignos de vosotras. No os dejaron tampoco por la gloria, os dejaron por algo más puro aún: por el deber.

Sucumbirán los seculares árboles del bosque, sagrado porque os vio morir y os ve continuamente renacer en nuestro amor, pero perdurará vuestra memoria, toda luz, jóvenes héroes.

 Manuel Gutiérrez Nájera. (Mexicano)

 Pensamientos inmortales.

La vida humana se compone de pequeñas acciones que constituyen grandes deberes.

Herbart (pensador alemán)

 

Piensa bien antes de obrar; pero cuando hayas decidido, obra rápidamente.

Salustio (pensador romano)

 

El que no evita los pequeños defectos, poco a poco caerá en los grandes.

Kempis (pensador alemán)

 Vocabulario.

predilectos – preferidos.

segada – cortada.

hoz – instrumento de hoja corva para segar.

disoluto – licensioso, vicioso.

seculares – que han durado siglos.

(página 103 y 104)

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