Sobre el libro: “El pueblo que no quería crecer” de Ikram Antaki.

El pueblo que no quería crecer: obra de Ikram Antaki sobre la cultura mexicana. Crítica a los usos y costumbres sociales y políticos de los mexicanos.

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Fragmento de viva voz de Ikram Antaki sobre el libro: El pueblo que no quería crecer. Grabación de Carlos López.

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Texto de la solapa izquierda:
Ikram Antaki (Damasco, 1948 – México, D.F., 2000) nació en una familia de juristas, humanistas y amantes de los libros. Su madre trabajó toda su vida sobre la literatura rusa del siglo XIX y su abuelo (que fue el último gobernador de Antioquía) salvó a miles de armenios del exterminio en 1915, durante el asedio Otomano. La saga familiar de los Antaki puede rastrearse hasta el siglo XI, por lo que Ikram se sabía heredera y continuadora de una importante historia ancestral.

Fuente.
Antaki, Ikram: “El pueblo que no quería crecer”, primera reimpresión, Joaquín Mortiz, México, abril de 2012, 166 pp.
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Texto de la contraportada:
“La historia de Occidente se hace de día; la de México, de noche y en tinieblas. Es la nación que se niega a crecer, el país de las estructuras blandas. Aquí todo es una coincidencia que depende del azar.”

A más de una década de su primera edición, El pueblo que no quería crecer, uno de los textos más polémicos de Ikram Antaki, se vuelve referencia para entender el entorno actual. Sin tregua alguna, la autora enfrenta y denuncia lo que a su juicio han sido los grandes desafíos por vencer en México: la apatía, la violencia, la intolerancia, la ambición desmedida de poder y la falta de confrontación de las ideas. Por eso, la reconciliación a través del debate es la única vía para reconstruir el Estado fallido. Es el pensamiento de Antaki y su lucha constante por defender la razón.
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Expresa Federico Zertuche:

El principal alegato de nuestro Polibio descansa en la tesis por él sostenida, a lo largo de la obra de marras, en el sentido de que México nunca ha asumido plena y responsablemente lo que en teoría debió ser su principal deber como nación, a saber, la asimilación de las bases y principios de la civilización occidental que trajo consigo la dominación colonial española-europea.

Al parecer, la brutalidad de la Conquista y la resistencia anticolonial reafirmaron creencias, mitos, tabúes y valores prehispánicos caracterizados por un pensamiento mágico y tribal propio de las “sociedades cerradas” de las que habla y estudia prolijamente Karl
Popper, opuestas por naturaleza a las “sociedades abiertas” que se distinguen por el supremo valor que se da en ellas al conocimiento racional y científico, a la primacía del derecho y sus instituciones sobre el tabú y el autoritarismo tribal y mágico, a la igualdad de
los hombres y a la democracia como sistema de gobierno.

El sincretismo que permea en muchas de nuestras manifestaciones culturales, sociales, religiosas y políticas se manifiesta por ello de manera natural en el conjunto de la cultura y civilización mexicanas. En la forma somos occidentales, pero en el fondo
subyacen elementos mágicos, irracionales, autoritarios, primitivos, violentos, que resisten y se oponen por naturaleza a la embestida civilizatoria que supone responsabilidades que asumen libremente los pueblos que se acogen al derecho, a la razón, a la justicia, a la
democracia, a la madurez social, nacional y como Estado.

A ello se añade el modo constitutivo del ser criollo novohispánico que por cultura, tradición y pertenencia estaba atado a la España entonces adalid de la contrarreforma y “del programa de vida tradicionalista, absolutista, católico y enemigo de la modernidad” que
representaba la Inglaterra y el mundo anglosajón de la Reforma. “Es suya, pues, la hostilidad hacia el mundo moderno, racionalista, cientificista, técnico, liberal, progresista y reformador de la naturaleza.”

Fuente.

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¿Por qué somos los mexicanos como somos?
La respuesta no es tan fácil como parece. Otros autores como Octavio Paz, Samuel Ramos, Edmundo O’Gorman han aventurado respuestas, y cualquier pensador puede hacer observaciones agudas sobre la idiosincracia mexicana.

Polibio, natural de Arcadia, en la cima del volcán observa el valle poblado de niños. Niños en sentido figurado, porque se trata de adultos con rasgos de indisciplina, irresponsabilidad, inmadurez, pensamiento mágico, supersticioso; con la tendencia de vivir al día, al goce inmediato, al plan de corto plazo; con gustos de lo frívolo, del relajo, etc.

La idea que se me ocurrió es la siguiente: a la llegada de los españoles, los indígenas contaban con una civilización que estaba atrasada históricamente en relación con la europea, pero además seguía un rumbo distinto.

El atraso no se mide en siglos sino en milenios, la colonización española realizó un proceso de transportación por el tiempo de la cultura y las instituciones sociales y políticas de los ancestros; de esta aceleración temporal surgió cierto sincretismo que sigue existiendo. ¿Por qué no se implementaron los cambios europeos de manera completa, qué detuvo ese progreso impuesto externamente? Porque el pueblo ancestral contaba con una civilización propia vigorosa, milenaria, y no es posible borrar de un día para otro una cultura antigua. Es cierto que se destruyeron códices y se eliminó a la élite cultural indígena, y con ello hay cierta amnesia histórica, pero la tradicón oral ha subsistido.

Tal vez ese desarrollo acelerado y artificial externo, creó los desajustes sociales y políticos que desembocaron en los movimientos armados que tanto daño hicieron al país; explica, de igual manera, que la democracia mexicana no sea una democracia moderna, sino una aspiración futura, como las leyes programáticas que son aspiracionales pero que no son eficaces en la actualidad.

En otras palabras, el cuerpo: el mestizaje es algo que se concreta en un lapso de tiempo más o menos corto; de igual manera, la cultura: el sincretismo musical, culinario, dancístico, religioso, etc, también puede desarrollarse en un plazo corto; lo que no puede cambiarse a corto plazo es la mente: la mentalidad, la cosmovisión, las ideas, los juicios, los valores, no cambian a voluntad, debe haber un proceso gradual natural de crecimiento para adquirirlos como propios.

Los mexicanos tuvimos un renacimiento después de la colonia, esta “reeculturación mexicana” (un nuevo empezar) puede ser la explicación del atraso que arrastramos y mantiene la mediocridad de los cuadros políticos que nos han gobernado y que han impedido el florecimiento del país.

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