El grito vitricida de Óscar Matzerath.

oscar-2.JPG

El día de su tercer aniversario Óscar rodó por la escalera de la bodega y, aunque no se rompió nada, desde entonces dejó de crecer.

Empezó a tocar el tambor y simultáneamente desarrolló una voz que le permitía cantar, gritar o gritar cantando en forma tan sostenida y vibrante y a un tono tan agudo, que nadie se atrevía, por mucho que le estropeara los oídos, a quitarle su tambor; porque cuando lo intentaban, se ponía a chillar, y cada vez que chillaba algo costoso se rompía.

Con un grito mataba los floreros; su canto rompía los cristales de las ventanas; su voz rasgaba las cortinas.

Por desgracia, los manteles y el lustre permanecían indiferentes a su voz. No lograba borrar mediante un grito sostenido los motivos del papel tapiz, ni engendrar por medio de dos tonos alargados, alternativamente  ascendentes y descendentes y frotados pacientemente, el calor suficiente para hacer saltar la chispa que convirtiera en llamas decorativas las cortinas secas. No logró con su voz quebrar ni una pata de silla. Sólo el vidrio le oía y por oírle pagaba.

____

 Grass, Günter: “El tambor de hojalata”, séptima reimpresión, Punto de Lectura, México, 2011, 791 p.

_____

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: