Queremos tanto a Glenda, de Julio Cortázar.

glenda-jackson2_karlmarkhughes.JPG
Origen de imagen.

Fragmentos.

Llevó tres o cuatro años y sería aventurado afirmar que el núcleo se formó a partir de Irazusta o de Diana Rivero, ellos mismos ignoraban cómo en algún momento, en las copas con los amigos después del cine, se dijeron o se callaron cosas que bruscamente habrían de crear la alianza, lo que después todos llamamos el núcleo y los más jóvenes el club. De club no tenía nada, simplemente queríamos a Glenda Garson y eso bastaba para recortarnos de los que solamente la admiraban.

 Sabíamos que Glenda no era responsable de los desfallecimientos que enturbiaban por momentos la espléndida cristalería de El látigo o el final de Nunca se sabe por qué. Conocíamos otros trabajos de sus directores, el origen de las tramas y los guiones; con ellos éramos implacables porque empezábamos a sentir que nuestro cariño por Glenda iba más allá del mero territorio artístico y que sólo ella se salvaba de lo que imperfectamente hacían los demás. Diana fue la primera en hablar de misión, lo hizo con su manera tangencial de no afirmar lo que de veras contaba para ella, y le vimos una alegría de whisky doble, de sonrisa saciada, cuando admitimos llanamente que era cierto, que no podíamos quedarnos solamente en eso, el cine y el café y quererla tanto a Glenda.

 Dos meses después de la frase de Diana Rivero el laboratorio estuvo en condiciones de sustituir en Los frágiles retornos la secuencia ineficaz de los pájaros por otra que devolvía a Glenda el ritmo perfecto y el exacto sentido de su acción dramática.

 Sí, pero un poeta había dicho bajo los mismos cielos de Glenda que la eternidad está enamorada de las obras del tiempo, y le tocó a Diana saberlo y darnos la noticia un año más tarde. Usual y humano: Glenda anunciaba su retorno a la pantalla, las razones de siempre, la frustración del profesional con las manos vacías, un personaje a la medida, un rodaje inminente.

 Queríamos tanto a Glenda que nuestro desánimo no la alcanzaba; qué culpa tenía ella de ser actriz y de ser Glenda; el horror estaba en la máquina rota, en la realidad de cifras y prestigios y Oscars entrando como una fisura solapada en la esfera de nuestro cielo tan duramente ganado. Cuando Diana apoyó la mano en el brazo de Irazusta y dijo: «Sí, es lo único que queda por hacer», hablaba por todos sin necesidad de consultarnos.

El cuento completo.

_____

Expresa Mauricio Zabalgoitia:

Frente al relato clásico y moderno, encontramos en los relatos de Cortázar un más allá de la norma literaria establecida, una clara búsqueda de la experimentación en cuanto a la estructura del relato, el manejo del tiempo y el espacio, la construcción de personajes, el punto de vista, la instancia narrativa, la función de categorías estructurales como el principio y el final, etc. Además de un marcado carácter lúdico y metaficcional. Todo lo anterior enmarcado en un contexto cultural determinado:

esta constante necesidad en Cortázar de agotar las formas en las que la realidad se relaciona con la ficción, y viceversa, y que en el caso específico de Queremos tanto… se da tanto en la construcción de ese mito textual, a partir del mito cinematográfico real, como en esas “tramas” dentro de la trama que son las películas en las que Glenda actúa –y que desde la realidad ficcional de los protagonistas son “invadidas”, “censuradas”, “modificadas”–. Este tipo de metaficción narrativa, recurso posmoderno donde los haya, habla de un tipo de ficción que invierte tiempo y espacio, echa abajo las convenciones tradicionales de la literatura, del género y se contrapone violentamente a la representación realista del cuento clásico e incluso al “anti-realismo” de la tradición literaria moderna.

el espacio en el relato se construye a partir de “realidades virtuales” que existen en el espacio de la página a partir de mecanismos de invocación, del proceso de lectura. Aquí volvemos a ese lector cómplice, copartícipe, que suspende momentáneamente su conocimiento de la realidad para activar determinados códigos que le permiten jugar con lo que es posible y lo que no(15) . Así, “el núcleo” (nombre que recibe esta extraña secta cuyo objeto a adorar es el mito viviente de la actriz) decide modificar, intervenir, censurar, escenas desafortunadas, e las que por los errores del director u “otros”, Glenda no luce su perfección:

En cuanto a las características del narrador, Zavala pone en relieve la auto-ironía, aspecto que ya hemos tocado, misma que está no sólo dirigida hacia él mismo, sino hacia la colectividad de la cual es representante y el uso constante de la primera persona del plural lo demuestra. Los acontecimientos narrados no son sólo los suyos, sino los de todos los que querían tanto a Glenda, y la manera en que narra los hechos, desde un presente alejado, que recuerda al hecho de contar una historia de manera oral, a un grupo de “amigos”, como confidencia para exorcizar el pasado, se relaciona también con esa característica híbrida del relato posmoderno que “juega” con los subgéneros; sólo que aquí la fábula que relata no es “aleccionadora” (como veremos ahora que lleguemos al comentario del final), y el mito que involucra es un mito mediático, pagano: el ego textual llamado Glenda Garson.

la exageración de la adoración del mito, la contra-humana necesidad de preservar el símbolo al que veneran, otorga en este relato lo terrorífico, lo ominoso de Cortázar, que en este caso no se da en esa intersección de dimensiones (mundo real versus mundo fantástico), sino en el ir más allá del límite de la razón, de lo humano. Y es que dentro de la ficción posmoderna el autor puede permitirse el cometer ciertos crímenes, actos (no reales), sólo aceptados, avalados, justificados, dentro del universo textual, aunque ésta tenga una estrecha relación intertextual con la realidad. Lo que viene a continuación, como desenlace, supone la muda y serena disolución del núcleo.

Fuente del texto.

_____

En: Botella al mar, epílogo de un cuento,  Julio Cortázar se dirige a Glenda Jackson, actriz inglesa:

“Abreviaré un resumen que poco nos interesa ya. En la película usted ama a un espía que se ha puesto a escribir un libro llamado Hopscotch a fin de denunciar los sucios tráficos de la CIA, del F.B.I. y del K.G.B., amables oficinas para las que ha trabajado y que ahora se esfuerzan por eliminarlo. Con una lealtad que se alimenta de ternura usted lo ayudará a fraguar el accidente que ha de darlo por muerto frente a sus enemigos; la paz y la seguridad los esperan luego en algún rincón del mundo. Su amigo publica Hopscotch, que aunque no es mi novela deberá llamarse obligadamente Rayuela cuando algún editor de “best sellers” la publique en español. Una imagen hacía el final de la película muestra ejemplares del libro en una vitrina, tal como la edición de mi novela debió estar en algunas vitrinas norteamericanas cuando Pantheon Books la editó hace años. En el cuento que acaba de salir en México yo la maté simbólicamente, Glenda Jackson, y en esta película usted colabora en la eliminación igualmente simbólica del autor de Hopscotch. Usted como siempre es joven y bella en la película, y su amigo es viejo y escritor como yo. Con mis compañeros del club entendí que solo en la desaparición de Glenda Garson se fijaría para siempre la perfección de nuestro amor; usted supo también que su amor exigía la desaparición para cumplirse a salvo. Ahora, al término de esto que he escrito con el vago horror de algo igualmente vago, sé de sobra que en su mensaje no hay venganza sino una incalculablemente hermosa simetría, que el personaje de mi relato acaba de reunirse con el personaje de su película porque usted lo ha querido así, porque solo ese doble simulacro de muerte por amor podía acercarlos. Allí, en ese territorio fuera de toda brújula, usted y yo estamos mirándonos, Glenda, mientras yo aquí termino esta carta y usted en algún lado, pienso que en Londres, se maquilla para entrar en escena o estudia el papel para su próxima película.”

Fuente del texto.

_____


captura.JPG

Glenda Jackson en la wikipedia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: