El idioma del paraíso, de Verónica Murguía.

El cuento sintetizado.

Dicen en la plaza y en la iglesia que el emperador Federico ha muerto. Doy gracias a Dios.

Aún recuerdo el día en que los hombres del emperador llegaron aquí en busca de las nodrizas. Yo tenía diecinueve años, y mi hijo menor seis meses. Todavía lo amamantaba.

Nos reunieron a todas en la plaza, y con brusquedad nos ordenaron descubrirnos los senos, para comprobar que tuviéramos leche. Tuve tanto miedo que creí que me secaría. Ojalá hubiera sido así.

Un fraile que había abominado del papa, el sombrío Fray Inocencio, nos comunicó cuál era nuestra misión. En poder del emperador; y no sé si usó el oro o la espada para tenerlos, había doce niños. Todos contaban apenas unos días. El emperador que padecía una curiosidad abominable, quería saber cuál era el idioma que Dios había puesto en la lengua de Adán cuando todavía moraba en el Paraíso.

El cuento completo con Alberto Chimal.

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