Los inmigrantes irlandeses en la etapa fundacional de los Estados Unidos.

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Una tesis sostenida por algunos historiadores, es que la Revolución americana fue en realidad una Revolución irlandesa;  que sin los irlandeses no hubiera ocurrido y que ciertamente sin ellos no hubiera trinufado.

Para abarcar en toda su magnitud el resentimiento que movió a los irlandeses en la América a pelear contra Inglaterra, es oportuno recordar episodios como el de la persecución que sufrieron en 1649 en que Cromwell sometió a Irlanda a una carnicería despiadada, despojando a los campesinos de millones de acres para repartirlos entre sus soldados, y esclavizando en los años sucesivos, a doscientos mil irlandeses.

Larga es la lista de los jefes y oficiales irlandeses en el Ejército de la Revolución, incluyendo veintiséis generales. Hubo regimientos formados íntegramente de irlandeses.

A Thomas Dogan, gobernador de la Colonia de Nueva York, de 1982 a 1988, le apellidaron “el inventor del pueblo”; y a John  Sullivan le dieron el título de “Padre de la Revolución“. Fue uno de los autores de la Declaración de la independencia.

Según Alexis de Tocqueville, la Constitución de Estados Unidos, lleva el seño inconfundible del irlandés John Rutledge.

Otro irlandés, el comandante John Barry, es llamado “el padre de la marina de guerra americana”.

En la guerra de 1812, los irlandeses tomaron la iniciativa.

La iglesia católica debe a los irlandeses su introducción y crecimiento en Estados Unidos. (p. 76 y 77)

El presidente Kennedy consideraba un honor que fueran los irlandeses las primeras víctimas del fanatismo nacionalista (“Nativismo”) y religioso.

Expresa: “Los irlandeses fueron los primeros en sufrir el escarnio y la discriminación que posteriormente padeció enn cierto grado a lo menos, cada ola de inmigrantes, por parte de los ‘americanos’ ya establecidos. Por su habla y su vestido eran reconocidos como extranjeros; eran pobres, sin oficio, y llegaban en enorme número. Los irlandeses son quizás el único pueblo en nuestra historia contra quien se formó un partido político, los ‘No-Sé-Nadas’ (The Know-Nothings). Por su religión fueron más tarde el blanco de la American Protective Association, y de los Ku-Klux-Klanes, en este siglo.”

Posiblemente alguno de nuestros lectores ignore que de la sociedad secreta de los No-Sé-Nadas, nació el Partido Republicano. Esta es otra contribución involuntaria de los irlandeses a la estructuración política de Estados Unidos.

(p. 78 y 79)

“Desde el principio del gobierno (de Estados Unidos), los movimientos contra los extranjeros han sido comunes. En 1852, cuando el Partido de los Whig se desmoronaba, se formó una organización secreta y juramentada, que dijo llamarse “Hijos del 76”, y también “Orden de la Bandera de las Estrellas” (The Order of the Star-Spangled Banner”). Los miembros que aún no habían sido admitidos en los grados superiores, ignorantes de los fines y del nombre de la organización, al ser interrogados contestaban siempre “No sé nada”. Todas las reuniones del partido eran secretas . Se evitaba ccuidadosamente tratar el tema de la esclavitud, y se trataba de atraerse a los votantes que estaban cansados de aquella agitación, concretándose a sostener una vigorosa oposición contra los católicos y los extranjeros. Su lema era “América debe ser regida por americanos”.

El índice Enciclopedico de la obra “Informes y papeles de los Presidentes” (publicación del senado), hace una larga relación de la transformación de los “No-Sé-Nadas” en el Partido Americano, y sus sucesivos cambios.

Después de las elecciones presidenciales de 1856, el Partido Americano se desorganizó, y la mayoría de sus miembros se sumaron al recién organizado Partido Republicano.

(p. 79 y 80)

“Los irlandeses -continúa diciendo el señor Kennedy- tanto social como económicamente, encontraron muchas puertas cerradas. En los avisos de empleos se especificaba “No se necesitan irlandeses”. (En inglés: “No Irish Need Apply”. Las siglas de esta advertencia leen “NINA”, nombre femenino que después se le arrojaba a los irlandeses al rostro como una bofetada. Nota del Autor).

La primera concesión que obtuvo Moses Austin del gobierno de la Nueva España, fue invocando los sentimientos humanitarios del virrey para salvar a trescientas familias irlandesas de la despiadada persecución de los protestantes. Para el gobierno español, los irlandeses eran no sólo católicos, sino enemigos naturales de Inglaterra y víctimas del protestantismo. (p. 81)

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Trujillo Herrera, Rafael: “Olvídate de El Álamo”, 1a. edición populibros La Prensa, 1965, 263 p.

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