El mal: ensayo de Ikram Antaki.

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La visión optimista del mal fue propia de los siglos XVIII y XIX, es la misma visión optimista judeocristiana laicizada: el mal se transforma dialécticamente en su contrario, la dialéctica no es la obra se Dios, es la sociedad la que metaboliza el mal.

Según Kant, los hombres quieren vivir juntos, pero crean un clima permanente de discordia; esta insociable sociabilidad es la
fuente de bienes irrefutables. ¿Por qué? Porque nada grande se hace sin pasión; la lucha por el prestigio, el egoísmo, la vanidad son causantes de civilización, motivos de acción, sin ellos no habría ni ciencia ni industria, ni arte, sólo un eterno sueño. La sociedad es una máquina que transforma el mal particular en bien general y el desarrollo de la civilización resulta de este proceso de transformación. Aquí hay una mezcla de realismo y de confianza en la humanidad, de pesimismo antropológico y de optimismo histórico. No se hace ilusiones sobre sus semejantes tomados como individuos, pero piensa que la sociedad camina hacia el bien. La especie progresa, no el individuo.

Ahora bien, ¿quien opera esta transformación? Una mano invisible que Hegel llama “la astucia de la razón”. El mal deja de ser un obstáculo para volverse un medio y la civilización progresa por sus malos lados. Ahí es la sociedad la que ha sustituido a lo divino, pero hay una similitud: tenemos a una providencia laicizada, la dialéctica del mal y el bien es una copia al carbón de la solución tecnológica y la cultura del progreso, es la hermana de la teología de la providencia.

Según Hegel, el espíritu del mundo se desenvuelve en la realidad concreta de los pueblos; para cada periodo, el espíritu se encarna
en un pueblo en particular, este, privilegiado, será un eslabón en el proceso. La historia sólo puede ser trágica: pasando de un pueblo a otro, el espíritu los condena a conocer la grandeza, luego la destrucción; cada pueblo tiene un principio y un fin, una vez alcanzado este fin, ya no tiene nada que hacer en el mundo. Esta ley inexorable es la condición de la fecundidad; del mismo modo, la historia pasa necesariamente por la violencia, la guerra, la
desgracia.

¿Cómo se realiza la encarnación del espíritu en un pueblo en particular? El medio son las pasiones humanas, el espíritu se encarna por intervención de los individuos: “esta inmensa masa de deseos, de intereses, de actividades, son los medios”. Y Hegel sentencia: “nada grande se ha hecho en el mundo sin pasión”. La dialéctica convierte el mal en bien, esto es una justificación legítima de las figuras de la desgracia, los hombres serían los actores de
una obra cuya intriga escapa a ellos y cuyas consecuencias contradicen sus previsiones. La ley de la contrariedad reina sobre los asuntos de los hombres… sí es cierto que son los hombres quienes hacen la historia, pero no saben cuál historia están haciendo, y la astucia de la historia saca ventaja del mal para volver efectiva la historia.

Shakespeare dijo que la historia era más bien una fábula llena de ruido y de furor, contada por un idiota.

Para Darwin, la lucha permanente por la vida es una selección que actúa como una mano invisible que elimina a los débiles en provecho de la especie; los microfracasos individualizados garantizan el macroéxito. En lugar de conducir a la indignación y a la revuelta, Darwin se reconcilia con el mal en los términos que Hegel.

El tema de Dostoievsky en Crimen y Castigo es una alegoría
anticipada del siglo XX. Raskolnikov tiene un corazón noble, sueña una edad de oro por venir; la vieja mujer es avara, tonta, ¿por qué vive? … mátala, toma su dinero, lo podrás consagrar
después al servicio de la humanidad … este pequeño crimen minúsculo será borrado por las buenas acciones. Dostoievsky describe el sueño de una utilización calculada del mal en nombre del bien, este sueño es el motor de las revoluciones. Pero una vez emplazado, el proceso escapa a todo control, uno no puede despachar el mal fácilmente, aun cuando la razón se revela hábil en inventar justificaciones. Quizá uno pueda aceptar que Dios utilice el mal para llegar al bien o que la historia progrese por sus malos lados, en ambos casos se trata de fuerzas independientes de nuestra voluntad; pero que el ser humano se ponga a
administrar el mal pretendiendo desencadenar la terrible dialéctica del mal y del bien …

Ser hombre es reconocer la posibilidad en uno y en los demás, de resistir a las causa, trascender los determinismos. En el concepto de humanidad existe una parte irreductible de la libertad que opone al mundo de los hechos el orden de los valores. Si niego al otro la capacidad de triunfar de sus malas influencias y de anteponer el deber ser al ser, le niego su dignidad de hombre, lo rebajo; hay algo humillante en la excusa, hay algo ofensivo en la comprensión. Los factores del medio pueden construir circunstancias atenuantes pero no absolver, si no, nada fundamental distinguiría al hombre de los animales. La comprensión debe acompañarse de ética, si no, sólo busca legitimizar. El mal debe ser explicado, no aceptado.

La relación interhumana aumenta la capacidad de resistencia al mal, un hombre solo es una mala compañía, debe encontrar con quién hablar; pero llega un momento en que la relación humana fracasa. Frente a lo irremediable, ¿qué hacer? Pues es otra vez a la presencia del otro a la que pediremos consuelo. En el seno de la tragedia, se desarrolla otro drama: el de la no comunicación. Hay una virtud de consuelo en la presencia del otro, “compartir” es una de las más nobles vocaciones humanas. El honor de una sociedad consiste en desarrollar las tareas de solidaridad. No se trata de negar el mal, sino de proclamar la presencia humana frente a lo irremediable.

Entonces tenemos tres ideas:

1) no hay una solución especulativa al problema del mal; las teodiceas, las culturas de la historia y las doctrinas revolucionarias
fracasaron en su búsqueda de una finalidad capaz de justificarlo; 2) a pesar del pensamiento, el mal se impone como algo que hay que combatir, y

3) la única arma en este combate es la relación humana.

¿Cuál es la esencia del mal? Hay una variable intemporal en la noción del mal y esta es la noción de la relación: el mal se define como aquello que tiende a destruir la relación, sea algo sufrido o algo cometido, el mal es separación, alejamiento, discordia; todas
estas son las figuras del mal. Los grandes mitos que hablan de la pena de los géneros son tragedias de la división. Los castigos de Dios son separaciones, como en la Torre de Babel.

El nombre del Diablo viene del verbo griego diaballein que significa desunir; por el mal se rompen las amarras, las relaciones.
Por ello, más allá de las teodiceas, las culturas de la historia y las doctrinas revolucionarias, el único paliativo, ya que no antídoto, es la compasión, la relación del hombre con el hombre, o su relación con Dios.

(Texto sintetizado)

Fuente.

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2 comentarios

  1. Saludos.
    Buenos post !!

  2. gerardomora

    Hola:
    Gracias por el comentario y gracias por los textos de Ikram Antaki.
    Saludos.

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