Ikram Antaki, la franqueza de la erudición.


Estando en París, toma un compás y ubica el centro en Damasco, Siria, donde nació y lo extiende hacia ambos lados del mapa, por un lado está Japón y en el mayor extremo se encuentra México por lo que decide viajar a ese país, del que desconocía todo. Buscaba el fin del mundo.

Ya conocía Europa, el mundo árabe, conocía África del norte, había llegado hasta Sudáfrica… faltaba conocer América.

Los antepasados de Antaki fueron griegos que habitaban en lo que ahora es Turquía, y que uno de los sultanes del imperio Otomano nombró a uno de sus antecesores señor de Antioquia hace 800 años.

En el siglo XX cuando los turcos comenzaron el genocidio contra los armenios, el abuelo de Ikram logró salvar a miles de ellos, pero atrajo la ira de los gobernantes turcos quienes lo expulsaron al territorio de la actual Siria, donde nació la escritora.

En México se abre paso gracias a su preparación, y pese al rechazo de intelectuales, difunde sus conocimientos enciclopédicos en su programa de radio titulado “El Banquete de Platón”, que duró seis años y que se transformó en 15 libros.

Maruan Soto Antaki.

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* “El hombre es el medicamento del otro hombre.”
* “A cada quien escoger donde quiere ubicarse: en la tranquilidad del borrego o en la madeja de preguntas de su dignidad de hombre.”
* “Creo que si me muero en este momento, dos libros se quedarán de mí: El espíritu de Córdoba y El pueblo que no quería crecer”
* “En relación con los problemas del espíritu todo se acepta. Aventúrense cuando puedan. Pero no se aventuren en experiencias en los hombres porque los harán sufrir.”
* “Es hipócrita hablar de acabar con la injusticia. Lo único que podemos hacer es hablar de equidad: dar las posibilidades para que los hombres hagan las cosas si es que pueden hacer las cosas.”
* “El mejor camino para llegar al odio del otro, al racismo, a la xenofobia, a la intolerancia, es empezar por el autodesprecio. Uno empieza por odiar a su propio pueblo, luego empieza a odiar a todos los demás.”
* “La vida no se hace por simple voluntad y decisiones. Se hace a menudo por azares. Además, uno no recomienza su vida sin cesar. No hace a los cincuenta lo que hizo a los veinte.”
* “Las conmemoraciones no son más que un espectáculo de la memoria… y yo no cultivo espectáculos, ¡cultivo memoria!

Frases en la Wikipedia.

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El Motor de la Historia es la Frivolidad: Ikram Antaki.
Entrevista de Luis Montes de Oca.

Me alegré cuando te oí decir que le frivolidad era el motor de la historia. Me alegré luego que siempre se me ha acusado de frívolo, en un sentido peyorativo: inconsecuente, veleidoso, veleta, insustancial, antojadizo, inconstante, ligero, vano… ¿cómo lograste otro concepto de la frivolidad? ¿Dónde lo encontraste?

– Primero, estás hablando con la persona menos frívola del mundo. Es decir, soy absolutamente no lúdica, viviendo en una cultura lúdica. No es un azar que cuando vienen los semitas aquí (México): árabes, judíos, o los europeos o lo que sean, hagan fortuna rápido porque no existe el día de descanso, no existe la hora de descanso, trabajan sin parar. Yo soy así, vengo de una cultura donde la relación con el cuerpo y la materia de uno mismo es prácticamente nula. El árabe es prácticamente esquizofrénico: la cabeza funciona, es el cuerpo que no se ubica en el mundo. Entonces… no estoy justificando, nada. La frivolidad, la estaba tomando desde otro punto de vista. No es la frivolidad es el sentido que se usa corrientemente.

La idea se me ocurrió de una forma accidental. Estaba en París, veía la televisión; pasaban esa tarde una serie que se llamaba “La mujer del diablo” y hablaban de Jenny Marx, la esposa de Marx. En el capítulo que veía en ese momento, aparecía el período en que estaba exiliados Jenny y Marx; se le muere el hijo recién nacido. Jenny, que es de familia como Dios manda, rica; reducida a la miseria por la vida que llevaba Marx está obligada a vender su platería o no sé qué para poder comprar la caja para poner al bebé. Es decir, un momento de tragedia absoluta. Yo no creo que haya en la vida de un ser humano peor tragedia que la muerte de un hijo, peor que la muerte de uno es la muerte de un hijo. Se encuentran Marx y Engels quien le empieza a decirle que qué terrible lo que pasó, que no sé qué, y Marx le dice: sí, sí está muy mal y no sé qué; Engels le dice entonces: Y por qué no buscas trabajo para ayudar a tu familia, y Marx le responde que acaba de mandar una petición de trabajo a la Comisión de Luz, de trenes, de agua, pero le contestaron que no, o lo que sea; pero dejemos estas cosas -replica Marx-, escribí estas páginas anoche, déjame leértelas.

Es decir -continúa platicando Ikram Antaki- el que no estaba haciendo relación con la tragedia, el que estaba haciendo prueba de la más absoluta frivolidad, insensibilidad, alejamiento era Marx. Jenny estaba hundida en la tragedia y, sin embargo, el que hizo obra fue Marx. ¿Cuándo se hace obra?… Cuando se sale de la vida. En ese momento me di cuenta por qué los hombres hacen obra y no las mujeres. Las mujeres se quedan hundidas en la vida. Primero porque les dijeron que hay que estar hundidas en la vida. Segundo… ¡no! Primero lo biológico, segundo les han dicho. Primero, lo biológico. Tú puedes no ocuparte de tu hijo, yo no puedo no ocuparme de mi hijo o, si tú no te ocupas de tu hijo, él puede sobrevivir. Yo, si no me ocupo de mi hijo, no puede sobrevivir. Entonces hay una frivolidad biológica. Luego hay el paso de la historia, la presión de la sociedad y… Todo lo que se agrega a la biología y hace que los hombres sean los que hacen obra y no las mujeres. Es decir, el cuento de que hubo grandes pintoras, grandes escritoras, grandes… todo. Pero por qué no nos hablaron de ellas, es una mentira. Tomas una pareja que estaba exactamente en el mismo nivel: dos filósofos, los mejores espíritus de su tiempo, siglo XII, Abelardo y Eloísa. Los dos vivieron la tragedia, los dos amaron, los dos fueron impedidos de amar, pero él siguió haciendo obra y ella no.

¿La frivolidad según tu concepto y la situación en México?

– Hay una cosa, fíjate -Ikram Antaki cambia el tono de su voz, se descubre un misterio, enfatiza como en secreto- hay una cosa grave: no existe ni siquiera el sentido de la eternidad del dolor, que es la tragedia, la tragedia es la eternidad del dolor, porque no hay el sentido de la eternidad. Somos -Ikram se incorpora, camina hasta un librero, elige un volumen y abre en la página exacta: “Aquí todo es accidente -lee pausadamente- una coincidencia que depende del azar, puede impedirlo. El mundo sólo se distingue por la multitud de los accidentes que se resuelven como cualquier problema en el espacio y en el tiempo. La tragedia que se apropia de la eternidad del dolor no existe, la acción de los accidentes tiene la duración del momento, luego se aniquilan las sustancias y los sentimientos dejan de existir. No pueden lógicamente existir ya que se les expulsó del lugar. La aniquilación de los accidentes implica la propia aniquilación de la duración, es decir, de la eternidad. Estoy hablando de sentimiento religioso. Este pueblo de Dioses múltiples, parece carente de él -del sentimiento religioso-, sintiendo contrariedad hacia todo lo que huele a absolutismo. Sostiene el decreto absoluto de que la infinitud ha quedado naturalmente desterrada.

“Así deja sin respuesta las preguntas propias a todo el género sobre el motor del mundo y la causa del movimiento. Su religiosidad es extraña, lo religioso no es oscuro pero todo lo oscuro se vuelve religioso. Es así que vemos la secuencia de gestos sacros en la puerta de la increencia” -Ikram abandona la lectura y continúa hablando con la misma autoridad y el mismo ritmo-. Contrariamente a los Dioses griegos que se destrozaban entre sí como si fueran mortales, aquí en México los Dioses son monstruosos. Todavía falta por hacer el gran análisis sobre México, por ahí debemos buscar.

¿Qué es cuando dices por ahí debemos buscar?

– Yo creo que por ahí debemos buscar porque tenemos algunos códigos, cánones que todo el mundo sigue, pero que ya empiezan a ser movidos. Se supone que el momento fundamental, el acto fundador es la conquista: los buenos, los malos, los derrotados, los vencedores y… No es exactamente así, no funcionan las cosas así. Apenas están empezando a decir que algo en esta creencia conónica no es cierto. Hace unos meses escuché a Luis González de Alba, decir: “no era posible que algunos pocos cientos de españoles, incluso con caballos y cañones, les ganaran a varias decenas de miles de indígenas. No es posible, lógicamente. A menos de que la mayoría de los pueblos indígenas o gran parte de ellos, se aliaran con los españoles y no solamente los tlaxcaltecas, sino la mayoría de ellos se aliaran con los españoles en contra del pueblo que los sojuzgaba, que eran los aztecas”.

Es decir, la famosa derrota no ha sido la derrota, era la victoria de indígenas y españoles en contra de los aztecas detestados, y la Malinche no era ninguna Malinche, sino una pobre chica esclava que se alió y agradeció y colaboró con su libertador, en contra de aquel que la había esclavizado.

Es decir, nuestro acto fundador, como historia, es una mentira. Es parte de la historia paralela. Quizá fue este el acto fundador, no de la historia, sino de la realidad paralela. Empezamos con actos fundadores mentirosos y sobre esto se construyeron cinco siglos ¡Qué bonito! Y esto es lo que le enseñamos a la gente y seguimos enseñándole.

¿En el caso México, tenemos muchos Méxicos?

– Por supuesto. Pero yo no quiero rendirme ante esta realidad parcial, lo que nos une es mucho más que lo que nos divide. Yo prefiero la mesura del Estado Nación. Hay muchos tiempos en México, y muchas lenguas y muchos grupos. Pero se creó algo que se llama mexicanidad. A tal punto que la gente estaba dispuesta a morir por ella. El Ejército es prueba de ello. La gente se fue a la muerte bajo una bandera y un sentimiento nacional. Pregúntales ¿Qué es? Y no lo saben. Pero, de que existe, existe, y lo quieren mucho, y cantan, y se ponen la mano sobre el corazón y, cuando se iza la bandera, todos se paran. Funciona, a nivel afectivo, funciona. Incluso funciona mejor que los Dioses. Al mismo nivel que la Virgen de Guadalupe. No está mal, hay que defender eso. Entre la locura de los que no tienen más tierra que el piso del avión donde viajan sin parar, y aquellos que quieren volver a la aldea, yo prefiero esta relación.

La entrevista completa.

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César Vallejo, “Los Heraldos Negros”

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