Varia invención de los ancestros de los mexicanos.

Teotihuacanos crearon al ‘loberro’.
A partir de estudios de arquezoología aplicados a esqueletos de cánidos hallados en entierros de la Pirámide de la Luna y el Templo de Quetzalcóatl, en Teotihuacán, especialistas determinaron que esta antigua cultura practicó la hibridación del lobo y el perro.

El objetivo era criar loberros, un animal que se usaba en rituales y estaba asociado con la milicia teotihuacana.

“Lobos y perros comparten 99.8%de información genética, de ahí que la cruza de ambos animales practicada por los teotihuacanos pudo ser factible, y dio como resultado al loberro, un ejemplar que portaba la sangre divina del cánido silvestre, pero en un cuerpo manejable”, precisó.

Así lo dio a conocer el arqueozoólogo Raúl Valadez Azúa, del equipo de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que analiza las osamentas de animales hallados en el Entierro 6 de la Pirámide de la Luna.
“A partir de medidas dentales y del paladar, así como de la forma dental, se identificó que ocho de los maxilares correspondían a híbridos de perro y lobo o loberros, tres a perros, dos a híbridos de coyote y loberro, y uno a la mezcla de coyote y perro”, expuso.

El experto explicó que esa identificación, junto con el análisis de diversas pinturas murales de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, llevó al equipo de investigadores a replantear el papel que jugaba el lobo en la cultura teotihuacana, como símbolo de la milicia.

Durante muchos años, cualquier representación teotihuacana que tuviera forma de cánido se interpretaba como coyote.

Fuente.


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Ábaco Nepohualtzintzin.
Con el sistema numérico vigesimal los Mayas podían efectuar las operaciones matemáticas fundamentales por medio de tablas de sumar y de multiplicar y con la utilización de un ábaco constituido por una cuadrícula hecha con varillas, o dibujado directamente en el suelo, y se utilizaban piedrecillas o semillas para representar los números. Este ábaco recibía el nombre de Nepohualtzintzin.

En la parte superior de cada varilla tiene tres cuentas, cada una de ellas con valor de cinco unidades (una mano). En la parte inferior hay cuatro cuentas, cada una de ellas con valor de una unidad (un dedo). Las cuentas sólo tienen valor cuando están apoyadas en la barra central.

Los Mayas representaban los números de dos formas diferentes. Una de ellas era empleando 20 glifos diferentes que representan caras de perfil. Esta notación era usada en monumentos. La otra forma estaba constituida por puntos, con valor 1, y por rayas, con valor 5. El cero se representaba por medio del símbolo de una concha.

Si el número estaba formado por más de una cifra, se colocaban verticalmente, con los kines en la parte inferior.

Fuente.


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Vulcanización Olmeca desde hace 3 500 años.
En 1989, durante la realización del proyecto de rescate y salvamento de piezas arqueológicas del cerro El Manatí, ubicado al sur del estado de Veracruz, sobre la cuenca del Río Coatzacoalcos; en el ejido de El Macayal perteneciente al municipio de Hidalgotitlán, los arqueólogos Ponciano Ortiz y María de Carmen Rodríguez, descubrieron 12 pelotas de hule asociadas con ofrendas de hachas (varias de jadeíta).

Los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se sorprendieron por el perfecto estado de conservación de las pelotas de hule, pese al paso de los años, y esa situación los llevó a pensar que eran resultado de algún proceso similar a la vulcanización que las hizo resistentes al tiempo y las condiciones atmosféricas en las que se encontraban.

Tras años de investigación y varios estudios en los que participaron especialistas  estadounidenses de Cambridge se logró establecer que para la creación de las pelotas, los Olmecas mezclaron látex del árbol de hule, cuyo nombre científico es Castilla Elástica, con una especie de enredadera con flores llamada Ipomoea alba –cultivada en las regiones tropicales de México–, la cual contiene látex con sulfuros, es decir, azufre.

Las reacciones químicas que produce la mezcla de los dos látex permite la vulcanización, es decir, los átomos de azufre se entrelazan a las cadenas poliméricas de isoprenos del hule, convirtiendo el látex en un material duro y resistente. Mejorando así su uso y durabilidad.
Fuente.

El hule natural.

El juego de pelota.


pelota-olmeca.jpg


juego-de-pelota-olmeca.JPG

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