El Señor dijo.

Te prestaré por un tiempo a un Hijo mío

para que lo ames mientras viva,

podrá ser un día, un mes, un año …

Hasta que yo lo llame,

podrás cultivarlo.

Quiero  que aprenda a vivir,

he buscado a una maestra

y te he elegido a ti.

Le enseñarás

el camino correcto a seguir …

No te ofrezco que se quedará contigo,

sólo te lo presto

porque lo que a la tierra va

a mí regresa.

El te dará ternura, alegría

y toda la comprensión de su juventud.

El día que yo lo llame

tú no llorarás,

ni me odiarás por regresarla conmigo.

Su ausencia cordial quedará compensada

con los muchos y agradables recuerdos,

y con ellos tu luto será más llevadero,

y habrás de decir con agradecida humildad:

¡Señor hágase tu voluntad!

 

_____

Tomado del archivo de Gladis.

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