Olvídate de El Álamo, de Rafael Trujillo V.

 

Animados por la facilidad con que Austin había obtenido la ratificación de su concesión –dice Creel-  numerosos americanos siguieron su ejemplo y obtuvieron, en sólo 1825, los contratos siguientes: Robert Leftwich, para llevar a Texas 200 familias; Hayden Edwards, para 800; Green Dewit, para 300; Martín de León, 150, y Ben R. Milam, 150. Austin obtuvo un contrato adicional, autorizándole a introducir en Texas 500 familias más. Note el lector que en todos estos contratos se hablaba de “familias”, sin estipular el número de sus miembros. A la vez, centenares –quizás millares- de inmigrantes, entraron individualmente en Texas, sin concesiones ni permisos, y se establecieron, tomando tierras donde mejor les plugo. Austin, a quien se le daba el título de “Padre de Texas”, obtuvo una tercera concesión para 400 familias más; organizó una milicia propia, so pretexto de protegerse de los indios, en tanto que la corriente de inmigrantes continuó.

 

A la vez que Texas se inundaba de inmigrantes, el gobierno de Washington hacía por su parte diversas gestiones para comprar la provincia. A reserva de ocuparnos más delante de algunas de aquellas gestiones, nos concretaremos por ahora a recordar que Andrew Jackson, siguiendo el ejemplo de su antecesor, John Quince Adams, instruyó a Poinsett para que ofreciera a Vicente Guerrero cinco millones de dólares por el vasto territorio. Guerrero rechazó indignado la oferta. (p. 111)

 

“Los abolicionistas –dice Llerena Friend- explicaban el movimiento de Texas como una conjuración deliberada de los intereses esclavistas para extender el territorio de la esclavitud, y se señala como una evidencia que Jackson y Houston formaban la revolución en Texas para robársela a México para los Estados Unidos”. Como observa Margaret L. Coit “el problema no era Texas sino la cuestión de los esclavistas”.

 

Eugene C. Barrer, en su libro “México y Texas, 1821 – 1835” dice: “Siendo la agricultura la principal industria de Texas, excluir la esclavitud equivalía a impedir la introducción de la única forma de capital que podía activar el progreso de Texas”. (p. 114)

 

Por lo que dejamos transcrito queda probado que el avance sobre Texas se hallaba en plena marcha desde 1829. Sin embargo, en su segundo informe anual del 6 de diciembre de 1830, el Presidente Jackson se manifestaba sorprendido de la desconfianza que México había expresado anteriormente, y de las buenas relaciones que auguraba para lo futuro. Pero en otoño de 1833, los representantes diplomáticos de México, general don José María Tornel y Mendivil, y don Agustín de Iturbide, hijo, protestaron ante la Casa Blanca, acusando a Jackson de estar en connivencia con Houston para apoderarse de Texas. Tornel, en actitud violenta, abandonó la ciudad de Washington. El 30 de octubre de aquel año, Jackson le escribió a su ministro en México, Buttler, asegurándole que la acusación de Tornel e Iturbide no tenían base, ni en lo relativo a sus actos, ni en lo referente a su intimidad con Houston; que antes bien, había designado un agente secreto que vigilara a Houston para evitar que éste organizara en Estados Unidos una fuerza militar para ayudar a la revolución de Texas. Precisamente en aquellos días, Houston le informaba detalladamente a Jackson sobre la situación en Texas.

 

Refiere Llerena Friend que Houston participó en la convención de San Felipe, logrando que en sustitución de Stephen Austin se nombrara presidente a su agente, el agitador William H. Wharton. Austin fue enviado a la ciudad de México, con la peregrina misión de conseguir que el gobierno mexicano aceptara la nueva constitución del Estado de Texas. (p. 117 y 118)

 

Austin fracasó en la misión que le había llevado a México, y sufrió una larga prisión. Al volver a Texas, en septiembre de 1835, se celebró una junta en la que Houston fue nombrado (octubre 6) comandante del Ejército de Texas; organizó sus tropas y declaró: “El día de la gloria ha arribado. La tarea de la libertad ha empezado”. Anunció a continuación que quedaba establecido el gobierno de Texas bajo Henry Smith y un concilio. Este “eligió” a Houston general en jefe de los ejércitos de Texas. Esta fue una sorpresa hasta para el mismo Houston, pues era tan impopular que los voluntarios manifestaron su inconformidad. No obstante, Houston instaló su cuartel general en San Felipe, nombró a James W. Fannin inspector general del ejército, y se dedicó activamente a solicitar dinero y voluntarios, pidiéndole al gobierno armas y pertrechos, y ofrecimientos para atraerse voluntarios. El 12 de diciembre expidió una proclama solicitando 5,000 voluntarios. El concilio, por su parte, organizó un cuerpo de “rangers”, un cuerpo auxiliar de voluntarios, un cuerpo miliciano, una legión de caballería y un ejército de reserva. Como se ve, abundaban las designaciones.

 

El gobierno “provisional” envió a  Washington a William H. Wharton, a Austin y Branch T. Archer, a obtener ayuda de  Estados Unidos, consistente en un empréstito, fuerzas navales, tropas … y la anexión de Texas.

 

Los asaltos formales de los angloamericanos contra los mexicanos, empezaron al finalizar aquel mismo año de 1835, en González, La Misión de la concepción, Golliat y San Antonio, donde lograron la rendición del general Cos. Texas se quedó sin tropas mexicanas. (p. 118 y 119)

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Trujillo Herrera, Rafael: “Olvídate de El Álamo”, Ensayo Histórico, primera edición, Populibros La Prensa, México, 1965, p. 262

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