Olvídate de El Álamo, de Rafael Trujillo II.

 

Asegura el señor Rusell Birdwell que en la sublevación de Texas participaron individuos procedentes de dieciocho Estados angloamericanos y de seis naciones.

La diversidad étnica de la población estadounidense, y la de sus sectas y credos religiosos, constituyen los dos más fuertes contrastes entre México y Estados Unidos. En la formación del primero aparece una sola nación europea: España; y una sola religión: la católica. (p. 45)

Es oportuno señalar en este punto la diferencia que existió entre la guerra de independencia de las colonias inglesas, y la de México. Si bien es cierto que entre los insurgentes mexicanos figuraron algunos criollos, la de México no fue una revolución de europeos contra europeos. En ella participó la gran masa del pueblo. Hidalgo no tuvo que reclutar sus tropas “por contrato”, como tuvo que hacerlo Washington, y lejos de tener en su contra a los indígenas, éstos pelearon por la causa de la Independencia hasta su consumación. (p.52 y 53)

No era lógico que europeos que llegaban a tierras lejanas reconocieran diferencia alguna entre invadir las llamadas “naciones” de los indios, y las provincias que pertenecían a Francia, España, y posteriormente a México. Por esto hemos dicho que los 20 ó 30 mil colonos de Texas que decidieron arrebatarle a México aquellas ricas tierras que ya consideraban suyas, declararan la “independencia” de un territorio donde no habían nacido y en la cual habían sido admitidos como colonos. ¿Cuántos de aquellos aventureros que se decían “tejanos” eran criminales arrojados de las prisiones europeas y llegados a Estados Unidos años después de que la Revolución de la verdadera independencia americana había terminado? ¿Cuántos de aquellos filibusteros era de la calaña que Benjamín Franklin consideraba que sólo con culebras se le podían pagar a Inglaterra? (p. 58 y 59)

Lo importante –como observa R. W. Harris en su “Breve Historia de la Inglaterra del Siglo 18”- es que la colonización (inglesa) “fue obra de individuos” y no del gobierno. Y más importante aún para nosotros, es observar la diferencia entre el origen de las colonias inglesas y el de las fundadas por España. Mientras aquellas fueron obra de individuos, estas lo fueron del gobierno.

Otro punto igualmente importante es el de los motivos de colonización. España fue descubridora. Sus navegantes, desde Colón, llegaron a tierras cuya existencia no se conocía. Inglaterra fue invasora. Sus piratas, desde John Hawkins, se lanzaron a la conquista de tierras conocidas. Si Inglaterra esperó casi un siglo para iniciar sus depredaciones en el Caribe, fue porque no pudo hacerlo antes. (p. 63)

En toda conquista existe, ciertamente, un fondo de interés económico; pero en el caso particular de Inglaterra y España, hay que señalar la diferencia –el contraste- en los procedimientos. El gobierno español aportó, casi en su totalidad, los gastos de las primeras exploraciones; pero una vez iniciada la colonización, recibió de las tierras que dominaba, fabulosos tesoros. La colonización inglesa –lo dice Harris- fue obra de individuos, y no del gobierno. Para sufragar los gastos se organizaron, aun desde el principio, sociedades mercantiles por acciones. En vez de llevarse riquezas, los colonos las traían. Apenas establecidos se dedicaron en escala progresiva al pastoreo de ovejas, para venderle a Inglaterra la mayor parte de la mucha lana que ésta necesitaba para su industria textil. Mientras de México, Perú y los países del Caribe y del Sur salían para España fantásticos tesoros, Inglaterra enriquecía a sus colonos comprándoles sus productos. (p. 65)

Los ingleses trajeron a sus colonias americanas sus conflictos religiosos y su odio a España.

Cromwell expresaba su credo con las siguientes palabras: “Nuestro gran enemigo es España; un enemigo natural porque está contra todo lo que pertenece a Dios. El hecho es que jamás podremos tener amistad con un estado del Papa. Firmad con España lo que queráis; pero estad seguros de que no cumplirá su palabra sino hasta que el Papa diga Amén”.

Este Cromwell fue precursor de Jackson, de Sam Houston, de Polk y de todos los angloamericanos que pretendieron apoderarse de México o se confabularon para ello. Comprobando nuestra tesis de que “la historia es el sicoanálisis de los pueblos”, ponemos aquí al descubierto una de las raíces de El Álamo, en Inglaterra. (p. 62 y 63)

La de Vernon, el inglés, y Lawrence Washington, el angloamericano, fue una de las primeras incursiones de filibusteros en la América Española. Lawrence Washington, hermano mayor y tutor de George, fue también un precursor de Sam Houston. Lawrence y Vernon al atacar Cartagena llevaban 3,600 angloamericanos reclutados de en Virginia, Carolina del Norte, Pennsylvania, Maryland, Rhode Island, Connecticut y Massachusetts: Iban a ayudar a la conquista de Panamá, Colombia y Cuba, no para Estados Unidos, sino para Inglaterra. Muchos murieron en el ataque de Cartagena donde un hombre cojo, tuerto y manco, Don Blas de Lazo, derrotó a Vernon y a Washington. (p. 70)

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Trujillo Herrera, Rafael: “Olvídate de El Álamo”, Ensayo Histórico, primera edición, Populibros La Prensa, México, 1965, p. 262

 

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