El aviso de Luis de Onís.

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Expresa Luis González de Alba:

 

Que la guerra que le declaró Estados Unidos a México, en cierta medida fue prevista por el Conde de Aranda, pues 65 años antes (de 1847), en 1783, escribía al Rey de España lo siguiente en un informe secreto acerca de los recién independizados Estados Unidos: “Mañana será gigante, conforme vaya consolidando su constitución y después un coloso irresistible en aquellas regiones… La libertad de religión, la facilidad de establecer las gentes en territorios inmensos y las ventajas que ofrece aquel nuevo gobierno, llamarán a labradores y artesanos de todas las naciones… y dentro de pocos años veremos levantado el coloso que he indicado.” El conde de Aranda le pide al rey desprenderse voluntariamente de sus provincias americanas y crear en ellas reinos independientes auque fraternales. La monarquía española rechazó la idea, exactamente la misma sobre la que Inglaterra ha mantenido, hasta el presente, su influencia desde Australia a Canadá.

 

El aviso de Onís.

 

Pararon 30 años de las predicciones de Aranda y en 1812, ya en plena guerra de independencia, la guerra que había querido prevenir el conde de Aranda, el embajador de España ante los Estados Unidos, Luis de Onís, escribe al rey de España desde Filadelfia: “Cada día se van desarrollando más y más las ideas ambiciosas de esta República y confirmándose sus miradas hostiles contra España” (eran contra México las miradas hostiles, pero en ese año, y hasta 1821, todavía éramos la Nueva España). “Vuestra excelencia se halla enterado ya, por mi correspondencia, que este gobierno no se ha propuesto nada menos que el de fijar sus límites en la embocadura del río Bravo, siguiendo su curso hasta el grado 31 y desde allí tirando una línea recta hasta el mar Pacífico… Parecerá un delirio este proyecto a toda persona sensata, pero no es menos seguro que el proyecto existe”. Aquel proyecto, se hizo realidad 35 años después, en 1847, con absoluta exactitud, pues Nogales, Sonora, nuestra frontera actual, está precisamente en el paralelo 31. Esto sabíamos desde 1821, pero ni los virreyes españoles ni los posteriores gobiernos mexicanos, independientes a partir de 1821, tomaron provisión alguna; estábamos muy ocupados en pelearnos entre nosotros mismos.

 

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González de Alba, Luis: “Las mentiras de mis maestros”, Segunda edición, Ediciones Cal y Arena, México, 2003, p. 41 a la 43.

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