Luis González y González: iniciación a la microhistoria.

Expresa Alejandro Tortolero Villaseñor:

La microhistoria fue una respuesta a la presunta crisis de la historia que en 1992 señaló Francis Fukuyama en su libro: El Fin de la Historia.

También surgieron: la historia narrativa, la historia cultural, la nueva historia política y la historia medioambiental, entre otras.

 Con la obra magistral de Don Luis González, su Historia universal de San José de Gracia, la historia local se convirtió en asunto de mayor difusión geográfica.

Las características de la microhistoria de este pueblo serían:

1. La introducción de un estilo literario en la confección de la historia. La historiografía local, como biografía, parece estar más cerca de la literatura que los otros géneros históricos.

2. La articulación de distintos niveles geográficos (local, regional, nacional).

3. La búsqueda de un análisis global del hecho histórico. La microhistoria no puede hacerse sino pensando en macroproblemas.

4. La utilización de herramientas cuantitativas (análisis de series y datos estadísticos), y cualitativas (el relato y la historia oral).

5. La labor individualizada del autor en estrecho diálogo con la antropología y la etnohistoria.

6. La construcción de modelos propios.

 El modelo de historia que nos impone Don Luis, es buscar allí donde aparentemente no pasa nada, donde no hay batallas memorables, ni planes ni héroes ni mapas importantes. La enseñanza es hacer visible lo invisible, darle importancia y problematizar lo que aparentemente no tiene relevancia.

La obra de Don Luis González es responsable en buena medida de que la historia no esté en crisis sino, por el contrario, del auge de la historia local y regional mexicana.

 

Fuente:

Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Revista Signos Históricos, núm. 11, enero-junio, 2004, 138-151.

 

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Afirma Luis González y González que, la microhistoria: “es la versión popular de la historia, obra de aficionados de tiempo parcial. La mueve una intención piadosa: salvar del olvido aquella parte del pasado propio que ya está fuera de ejercicio. Busca mantener al árbol ligado a sus raíces. Es la historia que nos cuenta el pasado de nuestra propia existencia, nuestra familia, nuestro terruño, de la pequeña comunidad”

 “La microhistoria es la especie histórica que se ocupa de la añorada matria, la gente de tamaño normal y las acciones típicas y triviales del quehacer cotidiano. Es, desde otro punto de vista, la rama menos científica, menos arrogante y menos emperifollada de la frondosa Clío. Es, por último, la menuda sabiduría que hace libres a las minisociedades y las promueve para el cambio; vacuna a los niños contra el horror a los policías grandotes llamados héroes y caudillos; permite hacer generalizaciones válidas a los científicos de las ciencias humanas sistemáticas; proporciona viejas verdades a esos revendedores que son los moralistas, y procura salud a los prófugos del ajetreo”.

Fuente:

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Don Luis nos legó una importante producción historiográfica en la que abordó temas como la biografía, la teoría y el método de la historia, la historia pueblerina y desde luego la historia de México, que la abarcó desde la época de la conquista hasta el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas. De sus libros podemos destacar como los más importantes los siguientes: Pueblo en vilo (1968); Invitación a la microhistoria (1972); Los artífices del cardenismo (1978); Zamora (1979); La querencia (1982); La ronda de las generaciones (1984); El oficio de historiar (1988) y Todo es historia (1989). Pero no solamente fue un prolífico productor de libros sino que también escribió una enorme cantidad de artículos y ensayos que, la editorial Clío, dirigida por Enrique Krauze, uno de sus principales discípulos, ha agrupado en 18 tomos como Obras Completas.

 Expresa: “Aunque me gusta ser más narrador que intérprete de las acciones humanas del pasado, procuro, por deformación profesional, explicar los hechos referidos mediante el análisis de sus antecedentes y las intenciones de sus protagonistas. Le dejo al lector la tarea de interpretar los sucesos por leyes y por causas materiales. Aunque procuro disponer la materia histórica en orden cronológico, muchas veces caigo en narraciones de figura dialéctica o axiomática. Nunca me he puesto a diseñar un molde que caracterice a este taller donde siempre ha habido un único operario. Mis moldes tratan de adecuarse a los argumentos de mis novelas verídicas.”

 Fuente.

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Conversación con don Luis González y González sobre la violencia en la historia de México. 

 —Ricardo Pérez Montfort.

RPM: En términos historiográficos tradicionales, la Conquista es un momento de enorme violencia, sin embargo usted tiene un planteamiento bastante alternativo.

 “En relación con la Conquista se confunden varias cosas: la Conquista es, por una parte, hacerse del poder de las antiguas etnias; por otra parte, establecer población española acá y, por otra, el cambiar las creencias básicas en la población.

      Hernán Cortés obviamente tuvo resistencia por parte del imperio mexica, pero en cambio todos los pueblos que en general habían sido sojuzgados o eran tributarios (como se dice ahora para no ofender tanto a los sojuzgados), desde el principio se mostraron en favor de Cortés. Cortés pudo apoderarse de la Ciudad de México gracias a los indios aliados. En otras partes no hubo resistencia; por ejemplo, en Michoacán, donde estaba el imperio tarasco, cuando Cristóbal de Olid fue enviado para que requiriera a los indígenas que se declararan súbditos del rey de España, y ellos, a través de Cazonzi, aceptaron al descubrir que los españoles venían en son de paz. La única resistencia que encontraron aquí en Michoacán fue la de las mujeres de Cazonzi cuando los españoles se metieron al Palacio Real. Después pasó Nuño de Guzmán para llevarse a la fuerza a los indios y pelear hacia el occidente. Entonces hubo un poco más de resistencia, pero tampoco violencia en grande. Es decir, la conquista militar no es un término demasiado fidedigno. Un millar de hombres, entre los que llegaron con Cortés y los que se le unieron en la expedición de Pánfilo de Narváez, no hubiera podido nunca triunfar si la resistencia hubiese sido generalizada. En un segundo momento, la Corona española envía funcionarios a controlar los territorios conquistados. Ahí tampoco hay mayor violencia. Luego viene el tercer elemento, los frailes que en poco tiempo consiguen el cambio de religión de los indios, algo que ellos mismos consideraban el mayor milagro de cuantos ha habido. Aprendieron rápidamente las lenguas de las etnias a donde fueron a trabajar y convencieron de las nuevas creencias a la mayor parte de la población. Una investigación reciente demuestra que las religiones de Mesoamérica eran inclusivas; es decir, que el incorporar nuevas creencias no era malo, sino al contrario, un enriquecimiento. Por ejemplo, la cosmogonía y la religión aztecas eran una acumulación de lo que habían pensado los pueblos anteriores. En fin, había esa tendencia a la incorporación de creencias ajenas, no eran para nada culturas exclusivas, por ello la facilidad con que aceptaron las enseñanzas misioneras. Motolinía cuenta cómo acudían en masa al bautismo.”

 RPM: ¿Y el detonador de los procesos violentos de la Independencia?

“En la independencia se venía pensando desde finales del siglo XVIII, incluso algunos de los gobernantes españoles eran partidarios de que se separara en gobiernos distintos lo de América de lo de España. En México había un gran temor a la defensa de ciertas ideas que provenían de la Revolución Francesa. Los sacerdotes que iniciaron la revuelta no buscaban tanto la independencia en México, como evitar caer en manos de los revolucionarios franceses. Hidalgo no habló nunca de independencia nacional. Su lucha era a favor de la religión católica y el rey legítimo de España.

     Como siempre sucede en los movimientos armados, hubo gente que se levantó para sacar algún provecho particular. Aquí en Michoacán, Castellanos, el cura de Sahuayo, se levantó porque tenía unos pendientes con la Hacienda de Guaracha, que de forma sutil empezó a extenderse a costa de los terrenos particulares y de las comunidades. Él era dueño de algunos de estos terrenos a la orilla del lago de Chapala, y se levantó aprovechando el levantamiento de Hidalgo y Morelos. Para él la guerra se trataba de que la Guaracha le devolviera los terrenos que le había robado. Su primer acto de violencia fue ir a buscar al dueño de la hacienda y, al no encontrarlo, matar a todos sus hijos.

     El primero que tuvo la idea de la independencia, con un Congreso y una Constitución propias, fue Morelos. El virrey Calleja, encargado de luchar contra Morelos, lo veía más como un eventual competidor en el gobierno del nuevo país, en lo que casi todos coincidían. Pero es cierto que en la historia de México hay una serie de cosas que no se han analizado.”

 RCG: Esto explicaría la traición de Iturbide.

“Existe un estudio sobre cuál fue la reacción ante la independencia proclamada por Iturbide; se descubrió que todos los grupos se manifestaron partidarios, enamorados de ese movimiento. La entrada a la capital fue un día de regocijo nacional. Iturbide dijo: “esta nación nació para dar la ley al mundo todo”. Por varias razones consideraba que era un país que estaba especialmente dotado para ser dominante y no dominado. Sin embargo, el afán protagónico de Iturbide lo hizo dejarse seducir por los partidarios de fundar un imperio mexicano con él a la cabeza. Esa ruptura del consenso entre los distintos grupos que habían pactado la independencia es lo que produce las guerras fratricidas. Un hecho curioso fue parte del fin de Iturbide: después de abdicar y abandonar el país se promulgó una ley que lo condenaba a muerte si regresaba. Él la ignora y decide regresar, con las fatales consecuencias que conocemos, pero con el detalle de prócer delirante de exigir ser él mismo, como autoridad superior del ejército, quien diera la orden de fuego al pelotón de fusilamiento encargado de su ejecución.”

  RCG: Pero entonces, ¿cómo explica el apoyo popular a la Revolución Mexicana?

“Yo organicé, con Friedrich Katz y Guillermo Bonfil, entonces ligado al INAH, un concurso titulado “Mi pueblo durante la Revolución” para que se viera el gran cariño que tenía el mexicano a su Revolución.

Se presentaron cerca de 30 mil trabajos. Seleccionamos en buena medida lo que era menos ofensivo en contra del gobierno y, de todas formas, si ustedes leen los libros que se editaron con los trabajos escogidos verán que el pueblo sólo habla de los horrores, de las pobrezas, de los crímenes. Aquí, en San José de Gracia, se organizó un pequeño ejército local para defenderse de los revolucionarios. Dos de las estatuas que hay en la Plaza son de jefes antirrevolucionarios. Para la gente del pueblo era lo mismo que fueran zapatistas, villistas o carrancistas. Por cierto, estos últimos lograron inspirar un odio enorme entre la población.”

RPM: Y usted cree que esas características personales (habla sobre Lázaro Cárdenas) las lleva a su gobierno.

Lo cierto es que su gobierno fue muy pragmático. El general Cárdenas no gobernó con tal o cual idea, sino que fue adaptándose según las circunstancias. Al principio siguió el diseño que le había trazado el general Calles. Después logró deshacerse de él, y siguió una política agrarista basada en la tradición del siglo XVI de dotar de tierras a los pueblos y comunidades agrarias y después siguió un proyecto nacionalista. Tuvo que nacionalizar el petróleo casi a la fuerza porque se pusieron verdaderamente insolentes las compañías petroleras.

     Por otra parte, se da cuenta que viene la Segunda Guerra Mundial y aprovecha el momento para iniciar el proceso de industrialización del país.

     La historia de México está dedicada a consagrar asesinos, militares matones, soldados y gente que causó daño. Nuestro país, y la idea que se tiene de su historia, sería menos violento si en lugar de estos “héroes” de bronce recordáramos a los grandes pensadores y humanistas que ha dado. –

Fuente.


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