Konrad Lorenz y la agresión I.

  ¿Por qué luchan los seres vivos unos contra otros?
Lucha interespecífica, la que se da entre especies diferentes. La influencia recíproca de la evolución del depredador y de su presa nos da los mejores ejemplos de adaptación lograda por la presión selectiva de determinada función (fuerza, rapidez, etc.)

Lucha intraespecífica, la que se da entre una misma especie.

El problema del valor que tiene para la supervivencia de la especie la agresividad.

Siempre es ventajoso para el futuro de la especie que sea el más fuerte de los rivales quien se quede con el territorio o la hembra deseada.

El peligro de que en una parte del biotipo disponible se instale una población demasiada densa, que agote todos los recursos alimenticios y padezca hambre mientras otra parte queda sin utilizar, se elimina del modo más sencillo si los animales de una misma especie sienten aversión unos por otros.

La repartición de los individuos de una especie por el biotipo disponible se realice no sólo en lo especial sino también en lo temporal.

El territorio de un animal parece, pues, ser función de la mayor o menor combatividad local, y ésta depende de diversos factores ligados al lugar, que pueden inhibirla. Al acercarse al centro del territorio, la agresividad aumenta en progresión geométrica a medida que disminuye la distancia.

Podemos dar por cierto que la función más importante de la agresión intraespecífica es la distribución regular de los animales de la misma especie por un territorio.

El hombre está particularmente expuesto a los nefastos efectos de la selección intraespecífica.
La competencia intraespecífica es la raíz de todo mal en un sentido más inmediato de lo que podría serlo la agresión (Vance Packard p. 52)
Algunas funciones del comportamiento agresivo:
Distribución de los animales de la misma especie por el espacio vital disponible.
Selección efectuada por los combates entre rivales.
Defensa de los hijos.

Jerarquía Social. Cada uno de los individuos que viven en una sociedad sabe quién es más fuerte y quién más débil que él, y así puede retirarse sin presentar combate delante del más fuerte y esperar que a su vez el más débil se retire ante él si se lo topa en su camino.

Cuanto más evoluciona una especie animal, más importancia tiene en general el papel que en ella desempeña la experiencia individual y el aprendizaje.

Todo verdadero movimiento instintivo al que se niega la posibilidad de una abreacción o descarga tiene la propiedad de inquietar todo el animal y hacerlo buscar los estímulos que la desencadenan.

La acumulación de la agresividad reprimida resulta tanto más peligrosa cuanto más íntimamente se conocen, entienden y aprecian los miembros del grupo unos a otros.

En tal situación, todos los estímulos desencadenadores de la agresión y del comportamiento combativo intraespecífico sufren una fuerte depresión de sus valores liminales.

 La desviación y reorientación del ataque es probablemente el medio más genial inventado por la evolución para encarrilar la agresión por vías inofensivas.
Ciertas pautas de movimiento pierden en el curso de la filogenética su función propia original para convertirse en ceremonias meramente simbólicas. Este proceso fue lo que llamó ritualización.

 Grandes pulsiones: alimentarse, acoplarse, huida agresión. Hambre, amor, huida, agresión.

 Mecanismos de inhibición de la conducta agresiva.

 La actitud infantil inhibe la agresión intraespecífica.

 Los mecanismos de inhibición que impiden el menoscabo o la muerte de un congénere deben ser más fuertes y seguros en las especies de cazadores profesionales, con armamento suficiente para matar con rapidez y eficacia presas grandes, y que además viven en grupos sociales.

 En todas partes donde se observan ritos de apaciguamiento reorientados, la ceremonia está ligada a la individualidad de los participantes.

  Los lazos personales, por su origen y su función original, forman parte de los mecanismos de comportamiento que frenan la agresión y apaciguan.

 Caracteriza la multitud el que los individuos de una misma especie reaccionan unos sobre otros por atracción mutua y se unen en un todo mediante pautas de comportamiento que uno o varios individuos desencadenan en otros.

 La rata, que es uno de los más resistentes antagonistas biológicos del hombre, emplea los mismos métodos que éste, de transmisión de las experiencias por la tradición y su propagación en el seno de una sociedad muy unida.

 Entre las familias de ratas hay odio, agresión y desenlaces fatales.

 Es condición sine qua non para la formación de un grupo la identificación personal del compañero en todas las situaciones posibles de la vida. Identificación que se realiza, claro está, individualmente y que no depende únicamente de reacciones innatas, como suele ser el caso en la formación de multitudes anónimas.

 Movimiento reorientado, se caracteriza por el hecho de que cierto modo de comportamiento desencadenado por un objeto que al mismo tiempo emite estímulos inhibitorios, se descarga por abreacción en otro objeto distinto.

 Es probable que nuestra risa humana sea también en su origen una forma de apaciguamiento o una ceremonia de saludo.

 Una hembra ánsar joven enamorada, jamás impone su presencia al amado, ni corre tras de él, si acaso, trata de hallarse por casualidad en los lugares que él frecuenta. Solamente con los ojos hace saber al macho que está dispuesta a acoger favorablemente sus proposiciones. Jamás observa directamente sus ademanes imponentes, y hace como que mira a otro lado, pero lo ve sin mover la cabeza, de reojo… exactamente como hacen las muchachas de los hombres.

 El ganso o la oca sin compañero no tienen con quién compartir el grito de triunfo y andan de acá para allá, tristes y deprimidos.

 Hay animales que ignoran por completo lo que es la agresión intraespecífica y durante toda su vida están unidos en compactas muchedumbres. Parece que estos seres deberían estar predestinados a la sólida amistad y la leal confraternidad, pero precisamente en esos pacíficos animales gregarios jamás se advierte tal cosa, y su unión es siempre completamente anónima.

El vínculo personal, la amistad entre individuos sólo aparecen en los animales de agresividad intraespecífica muy desarrollada. Y el vínculo es incluso más firme cuanto más agresiva es la especie.

 El eslabón por tanto tiempo buscado entre el animal y el hombre verdaderamente humano… somos nosotros.

La ilógica e insensata naturaleza humana hace que dos naciones compitan y luchen aun cuando no les obligue a ello ninguna razón de índole económica; y que dos partidos políticos o dos religiones cuyos programas son sorprendentemente parecidos se combatan con terrible encarnizamiento; y que un Alejandro o Napoleón sacrifiquen a millones de sus súbditos en el intento de unir a todo el mundo bajo su cetro.

 El comportamiento social del hombre, lejos de estar dictado únicamente por la razón y las tradiciones de su cultura, ha de someterse a todas las leyes que rigen el comportamiento instintivo de origen filogenético.

 La sociedad humana está constituida de modo muy semejante a la de las ratas, porque de igual modo son sus componentes sociales y apacibles dentro de su propia tribu pero se conducen como unos verdaderos demonios con los congéneres que no pertenecen a su bando.

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Lorenz, Konrad: “Sobre la Agresión el Pretendido Mal”, 6ª edición, Siglo XXI Editores S.A., México, 1977, 342 pp.

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