La filosofía del presente.

Ernst Von Aster. UNAM. 1964.

 

…Nuestras experiencias nos llevan a hacer juicios. Cada uno de estos juicios es verdadero si, y sólo si, puede conjugarse sin contradicción con todos los demás juicios de la experiencia, presentes, pasados y futuros, propios o ajenos. Todos nuestros juicios caen bajo la ley suprema formal del principio de no contradicción. Podemos dar a esta suprema – o única – ley formal del conocimiento también la formulación siguiente: juzga de tal manera que tengas siempre a la vista la totalidad de toda posible experiencia en tus juicios. (p. 31).

 

…Tres tipos posibles de concepciones del mundo. (Dilthey).

1. El escepticismo y el naturalismo, ambos emparentados muy de cerca con los motivos intelectuales de las que se originan. Sólo que uno pone en duda lo que el otro niega: un mundo espiritual, junto o sobre la naturaleza.

2. El “idealismo de la libertad”, que ve en el mundo una oposición, una lucha de dos principios que podemos llamar espíritu y naturaleza, y considera al hombre como contendiente es esta pugna.

3. El “idealismo objetivo”, que cree reconocer lo espiritual en el fondo de la naturaleza misma, como su esencia más íntima, como su verdadera realidad.

 

…En el naturalista y el escéptico, la consecuencia práctica de su imagen del mundo es o un cinismo y un materialismo práctico o una resignación heroica que, para usar las palabras de Nietzche acerca de Schopenhauer, “soporta el sufrimiento voluntario de la veracidad”.

…El idealismo de la liberta, hace de quien se entrega a tal concepción del mundo, un luchador y un trabajador al servicio del bien, del espíritu, en cuya victoria final sobre la materia cree.

…El idealismo objetivo,  vive una armonía interior, entregado confiadamente a su destino, de cuya dirección plena de sentido, está convencido. (p. 127).

…Por libertad entendemos el no estar determinado por una esencia interior propia. Las cosas carecen de libertad porque coinciden con su esencia, son idénticas a ella, porque su ser es el ser de un ente, de una esencia que es. La disolubilidad del yo de su esencia es la libertad. Esta libertad metafísica está limitada en la práctica por la forma en la que el hombre sin su cooperación se encuentra colocado – Heidegger dice “yecto” – en su destino, el destino de una época, de la pertenencia a un pueblo, de las capacidades naturales de carácter e inteligencia. (p. 137).

 

…La posibilidad de acoger otras existencias históricas, justo como mis propias posibilidades de existencia en mi ser ahí, me  eleva – a mi hombre – sobre el animal, que también vive en un mundo circundante, pero en un mundo rígido, invariable. (p. 147).

 

…Yo no me doy como soy, sino que soy como me doy. La esencia se hace un “esenciarse”. (Heidegger).

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