13 marzo. Fundación de Tenochtitlan.

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Artículo transcrito o copiado.

por: Bertha Sola Valdés.

Fuente: esmas.com 

Una hermosa leyenda sobre su origen.

 Según cuenta una hermosa leyenda, más o menos en el año 1160, salieron de Chicomostoc, un lugar en el norte del país, siete tribus nahuatlacas con la idea de poblar el sur. Una de las tribus era la formada por los aztecas o aztatecas, llamados así porque eran originarios de Aztatlán o Aztlán, que quiere decir lugar de las garzas y que posiblemente se encontraba en las costas del estado de Nayarit.

Los aztecas fueron los últimos en emprender el largo peregrinaje que tenía como propósito encontrar la tierra prometida por su dios Huitzilopochtli, también conocido como Mexitlí. Una versión dice que los aztecas fueron expulsados de Aztlán cuando Huitzilopochtli les ordenó buscar otro lugar y cambiar su nombre por el de mexicas, palabra que viene de metl que quiere decir maguey y citl que quiere decir liebre. 

Otra versión, afirma que un día apareció un maravilloso pájaro emitiendo un Thui que era una especie de canto, que en náhuatl significa “ya vámonos”. Como el pájaro repitió varias veces este sonido, un hombre llamado Huitzitón convenció al pueblo para empezar la peregrinación. Con el tiempo Huitzitón se convirtió en el dios Huitzilopochtli y guiaría a los mexicas hasta el lugar prometido. 

Se cree que la peregrinación duró más de 100 años, antes de que llegaran a la tierra prometida y durante su largo peregrinar hacia el sur, los aztecas o mexicas atravesaron territorios de Jalisco, Michoacán y el estado de México, que estaban ocupados por otras tribus y en donde generalmente no eran bien recibidos. Como su travesía era dura y peligrosa, cuando partían de un lugar para continuar su camino, abandonaban a los ancianos, a los enfermos o a la gente que estaba muy cansada. 

Cuando llegaron al Valle de México, fueron perseguidos y utilizados como servidumbre por diferentes grupos y se establecieron momentáneamente en islotes encontrados en Chalco, Chapultepec y Tizapán, lugar que les fue asignado por el señor de Culhuacan, pero que estaba lleno de serpientes venenosas. La idea era que estos reptiles terminaran con los aztecas, pero fue al contrario, porque ellos aprendieron a utilizar su carne como alimento. 

Como Huitzilopochtli les había dicho que hallarían un lugar maravilloso, dice la leyenda que buscaron entre los carrizales y encontraron un hermoso ojo de agua, con un sabino (árbol) blanco del que brotaba una fuente. Todas las cañas y sauces del lugar eran blancas, las ranas, culebras y peces también eran blancos. 

Los aztecas creyeron que ese era el lugar prometido, pero aquella noche Hutizilopochtli se apareció en sueños a uno de los sacerdotes y le indicó que el lugar para asentarse, era donde estaba enterrado el corazón de su sobrino Copil y que lo reconocerían porque ahí había nacido un tunal grande y hermoso en el que habitaba un águila.  

Al despertarse, los aztecas vieron que el lugar blanco y maravilloso estaba triste y con color a sangre, por lo que siguieron su camino hasta que de pronto Tenoch, que era su sacerdote y guía, encontró la señal prometida. Sobre el tunal estaba un águila real con las alas extendidas hacia los rayos del Sol y tenía en las garras una serpiente.

 El águila y la serpiente eran animales sagrados para los mexicas, porque el águila simbolizaba la Sol y serpiente la noche, además el lugar era fértil y había mucha agua. Dicen que después uno de los sacerdotes se hundió en las aguas y oyó la voz de Tlaloc, dios de la lluvia, que le decía “Sea bienvenido mí amado hijo Huitzilopochtli y todos tus compañeros mexicas porque en este lugar habrán de hacer un gran señorío”. 

Los mexicas levantaron un santuario y cabañas muy pobres, pero poco a poco construyeron templos, centros ceremoniales y una gran ciudad que llegaría a ser el mayor imperio de México: Tenochtitlan. Esta hermosa ciudad, construida al centro del lago de Tetzcoco, con enormes calzadas y acueductos y el enorme poderío que tuvieron los aztecas, terminaría en 1521 por los conquistadores españoles a mando de Hernán Cortés, que no solo mataron a sus últimos reyes, sino que destruyeron esta maravillosa ciudad de la cuál se conservan algunos restos del Templo Mayor, en el centro de la actual Ciudad de México.

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