La independencia.

Artículo transcrito o copiado.

Por: Luis González de Alba.

LA NACION MEXICANA.

…El germen de lo que sería nuestra patria lo puso la unificación, forzada, sangrienta y cuanto se quiera, de la Conquista, capitaneada por españoles pero con el apoyo de tropas indias. En 300 años se integró un país con un idioma común: el español, una religión común: la católica, un gobierno central: el virreinato de la Nueva España con sede en la ciudad de México, una grandiosa literatura que dio figuras de la talla de sor Juana y de Juan Ruiz de Alarcón, tan geniales como Lope de Vega o Tirso de Molina en España. Comenzó, en esos 300 años, la investigación científica, la producción de metales que los pueblos indios no conocieron, como el hierro; se introdujeron el arado, la carretilla, el pico y la pala, la imprenta, el papel, el libro. Se repobló el mundo vegetal con todo lo que hoy comemos, salvo el maíz y cierta calabaza originarios, así como el mundo animal: llegaron perros, burros, caballos, cabras, borregos, cerdos, vacas y todos sus productos: leche, quesos, carne, piel, telas. Llegaron también, por supuesto, humanos que conformaron nuestro actual mestizaje.

…En tres siglos se desarrolló una arquitectura de alto valor no sólo estético, pues la sustitución de la choza indígena de vara y piso de tierra por la casa de materiales más adecuados para la salud, al menos en las ciudades, trajo una indudable mejoría en la calidad de la vida.  Desde entonces compartimos los avances globales de la medicina, la urbanización, el drenaje, el agua entubada. Compartimos también todos sus defectos.

ISLOTES PREHISPÁNICOS.…En esos 300 años se formó un país que no existía antes, unificado por idioma, religión y costumbres. Los pueblos indios más aislados por la geografía permanecieron como islotes que, vistos desde la perspectiva de la cultura nacional, parecen atrasados, pobres. No están “atrasadas” las regiones indias: simplemente siguen viviendo como antes de la Conquista.

…Así pues, en 1810 no recuperamos la “nación”, dado que no existía, sino que terminó su larga gestación. Y no concluyó con el levantamiento armado de Hidalgo, de escasos 10 meses y fracasado, sino con la negociación razonable ocurrida un decenio después. Con diálogo y sin sangre, en 1821 la nación creada en tres siglos se hizo independiente.

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González de Alba, Luis: “Las mentiras de mis maestros”, ediciones Cal y Arena, 2° edición, México, 2003, p. 49 y 50.

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