Algo sobre el suicidio como fin involuntario.

Por: gerardomorah

Hace una semana un ciudadano recurrió al suicidio colocando su cuello en la vía del tren. Hace doce años aproximadamente, un vecino se colgó de una viga en una casa que arrendaba.

El suicidio es el fin de un camino desequilibrado y en círculos, que suponemos voluntario por el hecho del uso de la propia mano.

¿Cuáles son los motivos de este fenómeno?

Tal vez de manera reductiva puedan ser por motivos de amor, economía y salud, o mejor dicho, por desamor, quiebra y enfermedad.

¿Cómo inicia?

Se presenta en una coyuntura crítica en donde los caminos aparentemente son intransitables o están bloqueados o implican romper cánones propios.

¿Hay indicios de enfermedad mental?

Sí, depresión generalmente, y otras más que desequilibran al ser.

¿Qué pasa en la mente?

El pensamiento se vuelve obsesivo hacia el lado oscuro del ser, no hay reposo, no hay luz en la penumbra, las soluciones son todas negativas.

¿Porqué es involuntario?

Por que si pudieran no lo harían, lo que hacen es forzoso, es obligado, han sido empujados a una solución que no es solución simplemente desplazamiento de la solución.

¿Porqué es un camino en círculo?

Supongamos que la vida es una aventura con varios capítulos, podemos llegar a un capítulo terriblemente nefasto que nos haga caer en un hoyo depresivo por x motivo crucial, al tratar de salir de ese hoyo podemos elegir por accidente la entrada a un laberinto del que no podemos salir y que tomando cualquier camino volvemos a pasar por el mismo sitio, sin ningún avance. Quedando atrapado no sólo nuestro problema o conflicto sino nuestro propio ser existencial, quedando en arenas movedizas nuestras esperanzas y metas de vida. Sintiendo que somos tragados poco a poco por el remolino del mar o por el hoyo negro de la destrucción. Aislados y solos en ese laberinto sin salida no hay poder humano que nos socorra, no hay Dios a quien encomendarse. No hay salida, no hay escape, o tal vez sí, dejando de ser, entregándose a la nada.

¿Y la paradoja de doble vínculo de los kamikazes?

Es cosa aparte y parece un lavado de cerebro con cerradura.

¿Y la pulsión de vida?

Es invicta, hasta el último suspiro nos acompaña.

Un suicida antes de darse el golpe fatal, ya está roto por dentro.

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//https://www.telecinco.es/informativos/sociedad/suicidio-nina-menor-mexico_0_2688000125.html

Algo sobre creencia y reflexión.

Por: gerardomora

1.- Los misterianos:

En el libro “La modularidad de la mente” de 1983, el filósofo Jerry Fodor afirmó que hay necesariamente “ideas que jamás podremos concebir”.

El filósofo Colin McGinn ha sostenido en una serie de libros y artículos que todas las mentes padecen un “cierre congnitivo” en relación con determinados problemas. Sospecha que la razón por la que algunos enigmas filosóficos, como el problema de la relación mente-cuerpo -la forma en que los procesos físicos de nuestro cerebro dan lugar a la conciencia-  resultan imposibles de resolver es que sus verdaderas soluciones son, sencillamente, inaccesibles para la mente humana.

Está convencido de que existe una solución perfectamente natural al problema de la relación mente-cuerpo, pero que el cerebro humano nunca encontrará.

Fuente:

//https://www.abc.es/ciencia/abci-llegado-humano-limite-conocimiento-201910200233_noticia.html

El Dr. en ciencias Antonio Lazcano, hablando de los terraplanistas o de los que creen que la tierra es plana, expresa que se trata de movimientos anticientíficos y contraculturales, algunos con matices ideológicos.

Fuente:

//https://www.bbc.com/mundo/noticias-45457621

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En el caso de los misterianos, su posición es antifilosófica, anticientífica, contracultural y se basa en una creencia personal colocada encima de cualquier reflexión más o menos objetiva.

Los descubrimientos científicos van ampliando nuestros horizonte de conocimientos y modificando los usos, instrumentos y prácticas culturales y reformulando nuestras ideas del mundo y del hombre. Todo va de la mano en secuencia.

Lo que hacen los misterianos es una autolimitación o una rendición en la búsqueda de respuestas.

Esta desconexión con la búsqueda de respuestas, y la elaboración de su teoría limitativa, a mi parecer se encuentra en el ámbito de una pura creencia dogmática que desgaja una parte de la realidad y no la somete a una reflexión profunda sino que se queda en un nivel inferior. La creencia subjetiva está por encima de la reflexión objetiva. ¿por qué? porque es más cómoda, fácil y de alguna manera es una solución al planteamiento de ese problema.

En este tipo de planteamientos, se discriminan y eligen los datos “malos” por los buenos, la reflexión es sesgada para que las conclusiones sean acordes a una idea preestablecida. La creencia puede surgir de un medio no científico, puede ser una red social, un rumor, you tube, etc. Quien expresa esa creencia o la creencia misma ejercen una seducción que influye en el pensamiento normal de alguien.

El ius fetiale y el ius gentium; por Elvira Méndez Chang

La doctrina internacionalista considera a el ius fetiale  y el ius gentium como antecedentes del Derecho Internacional Público contemporáneo.

1.- El ius fetiale  se refería a una esfera de actos que cubrían tanto las relaciones de Roma con otros pueblos como las relaciones al interior del populus Romanus. La realización de es estos actos estaba a cargo de los fetiales.

En Roma. los fetiales eran sacerdotes, formaban parte de un colegio religioso y estaban presididos por el pater patratus. Sus principales funciones eran: ser jueces y mensajeros de acuerdos (foedera)  de paz y de guerra; ser publici legati y nuntii (representante del populus romanus) en las relaciones externas de Roma con otros pueblos, tomar determinaciones en relación con la guerra; llevar a cabo el rito de celebración del acuerdo (foedus), la rerum repetitio (pedido de reparación que precedía la declaración de guerra) y declarar la bellum iustum piunque (declaración de guerra). Varrón subraya que los fetiales eran llamados así porque estaban encargados de la fe pública (fides publica) entre los pueblos.

Sin la sanción religiosa de los actos realizados por los fetiale; éstos no eran válidos ni vinculantes para el pueblo romano ni para los demás pueblos. Júpiter era el dios que vigila el cumplimiento del ius fetiale dentro del sistema jurídico romano; pero se reconoce un rol similar a las divinidades locales de los otros pueblos. Asimismo, la paz también era entendida como una dimensión de las relaciones con todos los dioses, romanos y extranjeros y, por ello, es que se habla de la pax deorum como el valor supremo en el que se reconoce la norma fundamental del sistema supranacional romano.

El ius fetiale se aplicaba a los pueblos e individuos sin que se requiera la suscripción de acuerdos (“tratados”) ni la reciprocidad.
Debe rechazarse su asimilación con el Derecho Internacional Público, laico, “contractualista” y sin carácter supranacional.

2. Ius Gentium como el derecho común a todos los pueblos.

El  pensamiento jurídico romano identificó que las distintas comunidades con quienes se relacionaban estaban compuestas por grupos más o menos extensos, generalmente encabezados por un hombre, que reunía en torno a sí a individuos,  unidos por vínculos jurídico-religiosos por vía masculina, quienes constituían una comunidad; estos grupos se llamaron gentes y sirvieron de punto de referencia para la construcción del concepto de ius gentium.

La necesidad práctica de tutelar las pretensiones de ciudadanos frente a los peregrini o de los peregrini entre sí en territorio romano, con la presencia del praetor peregrinos: como autoridad jurisdiccional romana, llevó a una elaboración teórica que, sin perder su carácter común y universal, formuló el ius Gentium, el cual se ubica en el sistema jurídico romano.

La existencia de normas e instituciones comunes en todos los pueblos se funda en la naturalis ratio (razón natural). La naturalis ratio sería el principio de la razón universal, inmanente a la naturaleza y observancia absoluta, que no puede ser desconocida por los hombres que habitan los pueblos del orbe: la razón civil no puede corromper los naturalia iura. Ello llevaría a reconocer la existencia de un mínimo jurídico común que sobrepasa las particularidades jurídicas locales privados con base en una objetiva realidad de las cosas, teniendo el ius gentium una absoluta inderogabilidad frente a la voluntad de los gobernantes. A esta inderogabilidad absoluta, se suma la constatación de que su validez como derecho común no dependía de que sean efectivas en los pueblos.

Las razones y el concepto del ius gentium ponen énfasis en que era un derecho común. Es decir, estaba compuesto por normas  que resultan comunes (aunque no sean iguales), válidas y vigentes en todos los pueblos. Esta vigencia y validez, que no está condicionada a su efectividad, estaba dada a todas las normas de ius Gentium. Existían y se aplicaban sin mediar acuerdos (foedera) entre los pueblos. Este conjunto de normas, que surge de esta conciencia común, no requiere estar recogido en un texto. Incluso, existe al margen de la voluntad de los gobernantes y de las particularidades de un pueblo, que no pueden ignorarlas, pues resultan válidas al margen de su efectividad.

La concepción universalista del Derecho –que se desarrolló a partir de la teoría de imperio de Augusto hasta Justiniano- planteó que los diversos derechos particulares estaban orgánicamente comprendidos en un derecho común y superior, que se extiende a todo el mundo y a todos los hombres: el ius romanum. Convirtió al Derecho Romano en el único vigente en todo el Imperio y universal. Con lo cual, gracias a Teodosio II y Justiniano I, se consolidó la concepción universalista, que se contrapone al “estatismo jurídico”.

Mientras maduraba y se consolidaba el ius romanum dentro de esta concepción universalista, surge una unidad de derecho: el ius commune gentium. Asimismo, se produjo el fenómeno que llevó a una paulatina fusión del ius civile y el ius gentium, el cual fue acelerado por el establecimiento del concepto de ius romanum.

Por lo antes expuesto, el ius gentium no fue concebido como el  Derecho Internacional Público. No regulaba un sistema interestatal, sino las relaciones entre los pueblos y los hombres entre sí, dentro de un derecho común.
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Méndez Chang, Elvira: “Derecho Romano, elemento de unidad en los procesos de integración en América Latina”, en: Seminario de Derecho Romano XXVI aniversario, coordinadora: Mercedes Gayosso y Navarrete, Universidad Veracruzana, México, 2000, 161 p.
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Opinión de gerardomora.

La mentalidad romana concebía que detrás  de cada relación humana, ya individual ya colectiva, dentro de una frontera, fuera de esa frontera; se genera una esfera en la cual subyace un sustrato de racionalidad común que permite comprender y compartir algunas instituciones jurídicas de acuerdo a casos específicos.

En sí, toda relación entre personas es susceptible de ser regulada jurídicamente.

La pretensión de validez extraterritorial basada en los sacerdotes y la religiosidad fue de carácter extrahumano, en cambio cuando se atuvo a la razón natural se apoyó en el hombre mismo y su naturaleza común.

La pretensión extraterritorial es de tipo aspiracional pragmática.

La extraterritorialidad no es de uno a uno (de un pueblo a otro pueblo) sino de uno a todos. Es decir, no es de vasallaje o sometimiento, sino de tipo general, neutral y recíproco.

Sabemos que la llamada razón natural es un concepto difuso, relativo, parcial y puede seguir lógicas locales.

El ius gentium se construye como una ficción jurídica para resolver problemáticas o asuntos extraterritoriales, dándole a sus leyes un carácter universal para aplicarse en ámbitos no soberanos, en un contexto histórico donde no existía la teoría del contrato social y sus derivados: los acuerdos y tratados internacionales.

Esa ficción jurídica supone que la ley romana es reconocida y aceptada por los demás pueblos, sin que deban explícitamente acordarlo.

Algo sobre el sentimiento religioso.

Por: gerardomora

En todos los pueblos, durante todas las épocas, se ha desarrollado puntualmente el culto  hacia los dioses. Ese culto religioso se basa en emociones, en sentimientos, en la fe. Y ese sentimiento no se sustenta en la nada, sino que existe una capacidad humana para el sentimiento religioso. Una capacidad como la de amar, como la capacidad para la música o las matemáticas por ejemplo; unos la poseen en mayor o menor medida.

¿En qué consiste este sentimiento? Tal vez en algo así como: “esperanza vehemente de que todo está bien”, “tranquilidad de que trascendemos la materia hacia el todo”, “amor por haber recibido la vida y tener conciencia de ello”, “dicha por convivir con el prójimo en la aventura de la vida”, “plenitud por retribuir con la oración la grandeza del todopoderoso”, etc.

Este sentimiento no depende de lo lógico o emocional que sea una persona, porque grandes eruditos han sido fervientes creyentes. La Teología, la filosofía de la religión analizan la existencia del fenómeno religioso.

El sentimiento religioso no valida o invalida a un culto religioso, eso depende de la función benéfica de ese culto, es decir, si logra mejorar a un determinado pueblo cumple su función.

El arte de dudar: de Óscar de la Borbolla.

Por: gerardomora

En cuartilla y media por tema, el autor que se define como pensador más que como filósofo, nos lleva por una serie de reflexiones sobre temas diversos, algunos tan evidentes que no nos damos cuenta de ellos por la inercia de la costumbre de ignorarlas, otros en donde creemos encontrar un significado o verdad y dando una vuelta de tuerca nos encontramos con otro significado y otra verdad.

En los textos encontramos opiniones, preguntas, consejos, descubrimientos, desciframientos. Hechos, experiencias de vida, aceptación de lo ineludible. Historias, cuentos sufíes. Frases y autores determinantes en su vida, cosmovisiones de filósofos.

Como si tomara fotos y las describiera, el autor plantea cómo se ve la realidad, el ser, la verdad, la vida, la amistad, etc. a través de una mirada que analiza y duda sistemáticamente del entorno que nos rodea.

Relaciona, contrasta y busca patrones donde aparentemente no existen.

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De la Borbolla, Óscar: “El arte de dudar”, primera ed. 2017,  Grijalbo, México, 2018, 220 p.

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En la tapa posterior:

La sensación que domina nuestra vida es, en general, la de no entender el mundo en el que estamos. Es tan vertiginoso el cambio en todos los órdenes que hoy, más que nunca, nos hace falta la filosofía. Pero una filosofía clara, aguda, amena y divertida, que nos dé la oportunidad de pensar, de poner en duda las inercias sociales; que nos ofrezca  una guía no ortodoxa para cruzar la existencia sin tantas confusiones. Esto es lo que nos ofrece Óscar de la Borbolla en El arte de dudar.

A lo largo de estás páginas encontramos reflexiones breves que recorren los problemas filosóficos de siempre: ¿Por qué vale la pena no matarse?, ¿de veras nos comunicamos?, ¿la realidad es una alucinación colectiva?, ¿la ciencia sabe algo realmente o sólo hace modelos eficientes?, ¿es cierto que somos esclavos únicamente de nuestra libertad?, ¿el deseo es tan deseable? Éstas y otras grandes cuestiones son los caminos que el lector podrá recorrer en este libro, acompañado por uno de los autores mexicanos más queridos.

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El arte de dudart 2

Asalto al infierno: de Óscar de la Borbolla.

Contado en youtube por Óscar de la Borbolla.

Y reconstruido por gerardomora.

El castigo de ir a dar al infierno por los pecados graves en la tierra puede resultar muy severo, pero si la condena es por toda la eternidad eso ya raya en lo excesivo, en lo cruel, en lo despiadado.

¿No habrá manera de conmutar la pena? ¿El indulto? ¿La amnistía? Todo trato con el diablo supone exponer el alma, por ello no es recomendable petición o negociación alguna.

¿Cómo lograr liberar de tal castigo a nuestros seres queridos pecadores? ¿Cómo lograr la fuga de ese centro penitenciario lúgubre? ¡Eso es! Hay que buscar que escapen o ayudarlos a salir de cualquier modo, pero ¿quién puede realizar esta tarea tan riesgosa y complicada? ¿El comando del sur de E.U. que se mete donde no lo llaman? ¿El Mosad israelita que se dedica a acabar a sus vecinos? ¿Los hombrecitos verdes rusos? 0 ¿Los yemeníes y sus drones? Lo más sencillo es publicar en Facebook la búsqueda de hombres valientes para empresa peligrosa.

Después de los usuales: “cuánto paga” “dónde es” “hay prestaciones” “puedo salir a comer” Comenzaron a llegar los prospectos y uno a uno fueron abandonando el lugar desalentados por una aventura de dudoso retorno.

Finalmente logramos reunir a un grupo compuesto por: ex narcos, ex sicarios, ex cantantes de música de banda, políticos derrotados por AMLO, todos convencidos que nada puede ser peor de lo que ya están.

Convenidos en los términos de la empresa peligrosa, decidimos encaminarnos hacia el Paricutín, un volcán pacífico, porque es sabido que toda entrada al infierno es por los volcanes ya que durante la colonia los españoles fundaron el infierno abajo muy abajo pero encima del inframundo mexica, de la misma manera que encima del templo de tonanzin fundaron el culto Guadalupano.

Llegamos al pico del volcán, entramos, resbalamos, caímos, tropezamos, nos perdimos, nos encontramos, hasta que llegó el momento en que  por tanta desorganización un amotinamiento nos quitó el mando y acabamos por ser dirigidos por un ex político con más maña para controlar las situaciones y a la gente.

El plan del ex político era que al llegar entablaría una negociación pero manteniendo ocultas las armas, dependiendo del curso de los acontecimientos se usarían la dinamita y las bazucas que no serían usadas como armas letales, sino como meros distractores para que mientras se divirtieran los demonios liberar a los condenados.

Llegamos ahora a la entrada del infierno, una construcción típica del colonialismo, no había guardia alguno, ¿no deberían tener más cuidado para evitar la fuga de sus prisioneros? Nos dirigimos con sigilo al interior del centro penitenciario, podía ser una trampa, fuimos cruzando puerta tras puerta. ¿Por qué no tienen chapas ni cerrojos las puertas? ¿Por qué no hay un calor insoportable? ¿Habremos llegado en invierno? Por fin escuchamos murmullos que se convirtieron en carcajadas y en algo parecido a cantos de borrachos, y sí, nos encontramos con una escena dantesca, los demonios departiendo con los prisioneros, haciendo fiesta como de compadres. Supimos al instante que nuestra arma adecuada hubiera sido un lote de cajas de cervezas bien frías. Ya con la confianza de que un borracho no está en sus cinco sentidos procedimos a acercarnos a la bacanal.

_ Buenas noches distinguido señor demonio, expresó el ex político dirigiéndose a quien consideró de mayor jerarquía.

_ Buenas noches futuro inquilino de nuestra casa, contestó sonriente el interpelado.

_ Venimos en comisión para pedir aligerar la condena de nuestros familiares idos._

_ Podéis buscar y preguntar a ese familiar si desea que el castigo se le rebaje._

Dimos las gracias al demonio y nos separamos para encontrar con mayor rapidez a los prisioneros.

Más tardamos en salir que en regresar al punto de reunión, todos los prisioneros estaban encantados y no deseaban dejar el lugar. ¿Cómo era eso posible? O el diablo era un reformador revolucionario creador de un nuevo paradigma en el tratamiento de la readaptación social de las almas o la cultura mexicana había permeado y conquistado o aculturado al mismísimo infierno.

De regreso al mundo normal nos acompañó el sinsabor de no saber si tuvimos éxito o fracaso en nuestro empeño.

Anécdota sobre Laura compañera de escuela.

Por: gerardomora.

En 1983 durante uno o dos semestres nos acompañó Laura Calvo Mondragón, era una estudiante modelo, no era de 10, era de 10.5, dedicada, constante, empeñosa, sobrada. Buena memoria, excelente comprensión, estudiaba con anticipación los temas.

Nuestro salón estaba a reventar de estudiantes, no alcanzaban las sillas. Compartíamos  la juventud, los escasos recursos, las ilusiones.

En una ocasión que me encontraba en uno de los pasillo, se me acercó Raúl, de natural sonriente y dado al relajo, venía muy serio; cuando ya lo estaba viendo como bicho raro por su conducta me dijo:

_ Gerardo, nuestra compañera Laura me ha pedido consejo, y no sé que decirle. Le han propuesto una beca para estudiar en China y no sabe si aceptarla._

Laura no se llevaba conmigo, pero sí con Raúl a quien le tenía confianza, a su vez Raúl se llevaba conmigo desde el Propedéutico y me tenía confianza. Pensé en Laura con su gran capacidad y su ropa humilde.

_ Raúl, dile a Laura que acepte la beca que aquí no hay futuro_  Y así como vino se fue Raúl.

No supe como acabó la historia, me cambié de salón al terminar el semestre.

Varios años más tarde leyendo el Diario de Xalapa, encontré que la dirección del periódico informaba haber recibido correspondencia desde China, era Laura que mandaba muchos saludos y les recordaba el apoyo económico que le dieron para el viaje.

No sé a cuantas personas consultó nuestra compañera, lo que sí sé es que fui una de las que la impulsaron hacia una dirección que requería mucho valor.

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https://noticias.universia.net.mx/vida-universitaria/noticia/2013/01/22/995580/desafios-unica-traductora-chino-poder-judicial-federacion.html

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Laura Calvo Mondragón.

Algo sobre el campo temporal de Michelone.

Por: gerardomora

Expresa Manuel López Michelone que, la generación de un campo físico se asocia a una partícula. Existen campos gravitacionales, eléctricos, magnéticos.¿Que tal si el tiempo es un campo? Es necesario elaborar una teoría que explique cómo es el campo temporal. Y buscar una partícula que podría llamarse cronos o tempus.

 

Fuente:

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Algunas de las características del tiempo-vida son:

  1. Un inicio o nacimiento.
  2. Uno o varios ciclos de micro transformación.
  3. Un proceso de envejecimiento o decaimiento.
  4. Un final o muerte.
  5. Una desintegración o destrucción que supone una transformación desconocida.

 

Generalmente la idea del paso del tiempo la referimos a un reloj interno, de los seres vivos, de los inanimados, de los planetas, de las estrellas, etc.

Cada cual con su propio lapso de tiempo de existencia. Siempre hacia adelante, siempre progresivo, imparable, inexorable hacia el fin.

Los campos de los que habla Michelone, como el gravitracional, actúan al exterior del cuerpo, o más o menos al exterior, y actúan por igual sobre todos los seres. En cambio, si hay un campo, una partícula o una dimensión temporal está dentro nuestro, dentro de todos los seres y todas las cosas, es decir, es particularizada, cada ser tiene un determinado lapso de tiempo-vida, tiempo-existencia.

Así como se replica la gravedad entre un satélite y un planeta, un planeta y el sol, etc. Si hay micro tiempos internos, estarían sujetos a un macro tiempo, por el cual todo estaría sujeto a los ciclos de inicio – transformación – decaimiento – final. Una infinitud de ciclos para todo lo que componga o integre el universo.

Si en la gravedad, la característica es la atracción entre objetos con masa, ¿cuál sería la característica en el campo tiempo? Transformaciones dinámicas cíclicas finitas de seres o entes.

El tiempo está ligado a algo más que el paso del tiempo o la medición del tiempo, no es una abstracción. Si está ligada al lapso de vida o existencia de seres está muy cerca de dios, o del generador de todas las cosas y seres. El tiempo no crea las cosas, pero acontecen en su ámbito todos las transformaciones de lo creado.

Balzac, por él mismo. Gaëtan Picon.

La Comedia Humana, obra tan vasta, tan compleja, tan contradictoria. ¿A qué unidad reducir Eugenia Grandet y Valeria Marneffe, Vautrin y Benassis, Rastignac y Desplein, Luis Lambert y Felipe Bridau: el ambicioso y el prudente, el criminal y el justo, el sensual y el místico, la virgen y la cortesana, el homosexual y el heterosexual, el tradicional y el rebelde? Dícese uno entonces que esta diversidad balzaciana expresa la que es propia de la realidad, captada en una observación sin prejuicio.

Brunetiere expresa: “El carácter más aparente de su obra es precisamente su objetividad. Sus novelas no son la confesión de su vida; y la elección de sus temas no le han sido jamás dictadas por motivos particulares, y en cierto modo privados… No se cuenta él mismo en ella ni se explica… No es Balzac quien elige su tema, sino sus temas los que se apoderan de él, por decirlo así, y se le imponen.”

Y entonces, bajo la influencia del café, “todo se agita, las ideas se ponen en marcha como los batallones del Gran Ejército sobre el campo de batalla y la batalla tiene lugar. Los recuerdos llegan a paso de carga, con banderas desplegadas; la caballería ligera de las comparaciones se abre en un magnífico galope; la artillería de la lógica acude con su parque; los rasgos de ingenio llegan como francotiradores; las figuras se yerguen, el papel se cubre de tinta… Entonces, sobre el mundo desvanecido, se establece el reino de la inspiración”

La magia balzaciana, sin embargo, conoce más ritos de exorcismo que ritos propiciatorios. Los vencidos son más numerosos que los vencedores, lo trágico en la vida es más profundo que la felicidad.

En toda su obra, la esperanza y el destino son inseparables compañeros. “En una palabra, matar los sentimientos para vivir hasta la ancianidad, o morir joven aceptando el martirio de las pasiones.” (La piel de zapa.) “¿Cuál es el fin del hombre, desde el momento en que aquél que no desea nada y vive bajo la forma de una planta, llega a los cien años, mientras que el artista creador ha de morir joven?” El pensamiento mata al creador: es el mito de Lambert, de La piel de zapa; y pensamiento es toda pasión. La afirmación de la vida destruye la vida.

Monólogo del anticuario en La piel de zapa.

“Voy a revelaros en pocas palabras un gran misterio de la vida humana. El hombre se agota por dos actos realizados instintivamente y que secan la fuentes de su existencia. Dos verbos expresan  todas las formas que adoptan estas dos causas de muerte: querer y poder. Entre estos dos términos de la acción humana hay otra fórmula que utilizan los sabios, y a la que debo la dicha de mi longevidad. Querer nos quema y poder nos destruye; pero saber deja nuestro débil organismo en perpetuo estado de calma…”

Los grandes héroes balzacianos  no son en modo alguno, no obstante la apariencia, tipos representativos de la diversidad humana objetivamente captada. Es su pasión misma la que importa. Grandet no es apasionado porque sea avaro: es avaro porque es apasionado, la avaricia se ha hecho su pasión.

En Balzac, todos, hasta las porteras, tienen genio. Todas las almas son armas cargadas de voluntad hasta la boca. Es el propio Balzac.

Cada héroe balzaciano es ante todo ese a priori  del deseo puro, esa hambre que busca por doquier su alimento. “Todavía sólo se había enfrentado con sus deseos”: he aquí el momento en que el protagonista inicia su marcha, en el que tocamos su verdadera naturaleza.

El deseo y el poder conquistados son una usura, “una pérdida de fluido”, ” una sublime prodigalidad de existencia”.  Cada realización de la vida abrevia la vida. Tal es el mito de La piel de zapa.

Nada define más profundamente ese deseo eficaz que es el héroe  balzaciano, cómo su carácter insaciable, el vínculo entre deseo y porvenir. No quiere decir esto que en presencia de su objeto, el deseo se debilite o se abandone: no existe aquí ni el drama de la impotencia ni aun el del eterno  desencanto. Pero la victoria del deseo  no aplaca el deseo, su satisfacción no le colma: es propio de su naturaleza proyectarse continuamente hacia adelante. Como sus héroes, Balzac marcha de conquista en conquista, pero también de deseo en deseo.

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Picon, Gaëtan: Balzac por él mismo; 1ª edición de la Compañía General de Ediciones, México, 1960, 195 p.

El gran gesto: de Isak Dinesen

Síntesis de gerardomorah

Llegué a gozar de cierta fama como médico entre los aparceros de la granja; hasta de Limoru o de Kijabe acudían los pacientes a mi consulta. Al comienzo de mi carrera había practicado algunas curas con una suerte prodigiosa, y esto había hecho que mi nombre se extendiera por las manyattas. Posteriormente llegué a cometer grandes errores, que me afligen cada vez que los recuerdo, pero mi prestigio no pareció salir menoscabado e incluso a veces llegué a pensar que la gente me tenía ley precisamente por no ser yo infalible. Este rasgo es también característico de los africanos en otras de sus relaciones con los europeos.

En los últimos meses que pasé en la granja, cuando ya se me iba dando poco a poco a entender que mi batalla de tantos años estaba perdida y que habría de renunciar a mi vida en África y regresar a Europa, vino a mi consulta un niñito de seis o siete años llamado Wawerru con graves quemaduras en ambas piernas. Las quemaduras eran cosa frecuente entre los Kikuyus, ya que ponían un montón de brasas en medio de la choza, se echaban a dormir alrededor y solía ocurrir que en el transcurso de la noche las brasas resbalaran y fueran a parar sobre los durmientes.

Los Padres franceses  me habían regalado un nuevo tipo de ungüento para las quemaduras, recién llegado de Francia. Wawerru era un muchacho endeble, de ojos rasgados, hijo menor y mimado de su familia hasta el punto de creer que todos le tenían que dar gusto; bien él o sus hermanos mayores que lo habían traído a casa se las habían arreglado para que les entrara en la cabeza que el tratamiento tenía que ser cada tres días, con lo que las llagas se le iban sanando. Kamate sabía muy bien, como practicante mío que era, cuánta satisfacción me proporcionaba aquella tarea; cada tres días buscaba con sus ojos de lince al pequeño grupo entre los pacientes de la terraza, y una vez que dejaron de venir, se tomó la molestia de bajar a la manyatta de Wawerru para recordar a la familia sus deberes. De pronto, Wawerru dejó de aparecer, se esfumó de mi existencia. Pregunté por él a otro toto. «Sejui»_ no sé_, me respondió. Días más tarde bajé a la manyatta seguida de mis perros.

Al bajar la ladera pude ver al propio Wawerru sentado en la hierba, jugando con otros totos. Uno de sus compañeros de juego se dio cuenta de mí y se lo advirtió, y él, sin pensarlo dos veces ni mirar siquiera salió corriendo hacia el laberinto de chozas y desapareció ante mis ojos. Como tenía muy aún muy débiles las piernas para sostenerse, salió gateando a cuatro patas como un ratón, con prodigiosa velocidad. Tanta ingratitud provocó en mí un violento acceso de rabia. Puse a Rouge al galope corto para darle alcance y en el preciso momento en que yo saltaba de la silla y corría tras él, se escabulló dentro de una choza, exactamente como un ratón en su agujero. Rouge era un caballo juicioso, y si yo lo dejaba con las riendas sueltas  sobre el pescuezo, se quedaría quieto y me aguardaría. En la mano tenía yo el látigo de montar.

 

Al pasar de la luz del Sol al interior de la choza, me hallé casi a oscuras; dentro había unas cuantas figuras imprecisas, hombres o mujeres. Wawerru, al darse cuenta de que estaba cazado, se echó boca abajo sin decir una palabra. Entonces pude ver que se había quitado los largos vendajes que tan cuidadosamente le pusiera yo y que tenía todas las piernas untadas de arriba a abajo con una espesa capa de boñiga. En realidad la boñiga no es un mal remedio contra las quemaduras, pues se seca rápidamente y aísla del aire. Pero en aquel momento, ver y oler aquello me produjo náuseas mortales y por una especie de instinto de conservación empuñé con fuerza el látigo.

 

Nunca hasta entonces se me había ocurrido establecer una asociación mental entre mi éxito o mi fracaso en la cura de las piernas de Wawerru y mi propio destino, o el destino de la granja. Mientras estaba allí en la choza, acostumbrando mis ojos a la penumbra, vi que ambos eran uno solo y que el mundo en torno mío se entristecía infinitamente hasta convertirse en un lugar sin esperanza. Me había aventurado a creer que los esfuerzos míos lograrían derrotar al destino, y ahora me daba cuenta de mi gran equivocación. Me acababan de presentar un balance que probaba que todo lo que yo emprendiera estaba destinado al fracasar. Mi cosecha iba a ser boñiga. Recordé la vieja canción jacobita:

 

Se ha hecho ya lo que hacerse podía.

Y todo ha resultado en vano.

 

No dije una palabra ni pude emitir sonido alguno. Pero bajo mis párpados se acumularon las lágrimas y no pude contenerlas. En unos instantes sentí  mi rostro bañado en llanto. Es posible que permaneciera allí de pie mucho tiempo, en el hondo silencio de la choza. Como había que poner fin de algún modo a aquella situación di media vuelta y salí, y era mi llanto tan copioso que por dos veces equivoqué la salida. Fuera de la choza, hallé a Rouge aguardándome; subí a la silla y me puse lentamente en camino. Apenas había cabalgado unos diez metros, cuando me volví para ver si mis perros me seguían. Vi entonces que un grupo de gente había salido de la choza y me miraba. Otros diez o veinte metros más volví a pensar en la cosa y no dejó de chocarme conducta tan poco corriente por parte de mis aparceros.

Me volví para mirarlos de nuevo. Esta vez había aún más gente en el césped, todos inmóviles, siguiéndome con los ojos. Desde luego, toda la población de la manyatta había salido para vernos a Rouge y a mí desaparecer en la llanura. Entonces pensé: «Nunca hasta ahora me habían visto llorar. Acaso nunca creyeron que pudiera llorar un blanco. No debí haberlo hecho».

A la mañana siguiente, muy temprano, antes de que Juma entrara a correr las cortinas de mis ventanas, la intensidad del silencio en torno mío me hizo notar que no lejos se había agrupado una multitud. Ya anteriormente había pasado por una experiencia semejante, de la que ya he escrito algo. Es una cualidad de los africanos: dan a conocer su presencia por medios que no son ni la vista ni el oído ni el olfato, de modo que no puede uno decirse: «Los veo», «los oigo» o «los huelo», sino: «Ahí están». Los animales salvajes poseen esa misma cualidad, pero los domésticos la han perdido. «Han llegado hasta aquí, entonces _reflexioné_, ¿Qué me traerán? »  Me levanté y salí.

 

En la terraza había, en efecto, muchísima gente. Yo los miraba en silencio y ellos, en silencio también, me rodeaban. Estaba claro que si hubiera querido irme no me habrían dejado. Había allí viejos hombres y mujeres, madres con sus bebes a la espalda, moranis insolentes, recatadas nditos y bulliciosos totos de ojos vivarachos.

Al verse frente a esta especie de muda y mortal decisión por parte del africano, un europeo trata de hallar palabras con que concretarla y darle expresión, de la misma manera que en los cuentos de hadas el hombre que opone sus fuerzas al gigante ha de averiguar el nombre de su adversario  y encadenarlo a una palabra para no verse perdido de una manera oscura y fabulosa. Hubo un segundo en que mi mente enloquecida respondió a la situación con una pregunta incongruente. «¿Tienen intención de matarme? »  Pero al instante di con la fórmula adecuada. Las gentes de mi granja habían venido para decirme: « Ha llegado la hora». «En efecto, ha llegado _asentí mentalmente_. ¿Pero la hora de qué? » Una vieja mujer fue la primera en abrir la boca.

La vieja mujer de la terraza me presentaba su mano derecha cogiéndosela con la izquierda, como si la fuera a regalar. Una quemadura escarlata le cruzaba la muñeca. «Msabu _sollozó en mi cara_, tengo la mano mala, mala. Necesita medicina. » La quemadura era superficial.

 

Luego vino un viejo que se había dado con el hacha un corte en la pierna; luego dos madres con niños calenturientos: luego un morani con el labio partido y otro con un tobillo dislocado, y una ndito con una contusión en el redondo seno. Ninguna de las heridas era grave. Tuve incluso que examinar una colección de astillas en la palma de la mano de uno que había trepado a un árbol en  busca de miel.

 

Poco a poco me fui haciendo cargo de la situación. Me di cuenta de que la gente de mi granja, en un gran gesto colectivo, había acordado traerme aquel día aquello que siempre quise de ellos contra toda razón y contra la inclinación de su naturaleza. Seguro que habrían estado buscando una solución, aleccionándose mutuamente, discutiendo la cosa: «La hemos estado tratando con demasiada dureza. Está claro que no puede aguantar más. Ha llegado la hora de ser indulgente con ella».

 

No había manera de descartar con explicaciones el hecho de habérseme puesto en ridículo. De todos modos, se me ponía en ridículo con mucha generosidad.

 

Al cabo de uno o dos minutos no pude contener la risa. Ellos, que espiaban mi rostro, al notar el cambio me imitaron. Una tras otra, todas las caras a mi alrededor se animaban y rompían a reír. En las caras desdentadas de las mujeres viejas cien arrugas delicadas trocaban mejillas y mentón en una radiante máscara barroca, pues ya no eran las cicatrices de la guerra de la vida, sino las huellas de muchas risas.

 

El júbilo recorrió la terraza y se extendió hasta sus bordes como las ondas de una mar rizada. Pocas cosas en la vida hay tan gratas como sentirse rodeado de esta repentina y clara pleamar de risas africanas.

 

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Dinesen, Isak: El gesto, en : De sombras en la hierba. Gaceta literaria de la Universidad Veracruzana. Año 5, número 53-54, mayo-junio del 2002. p. XIX a la XXIV.

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