Las señales, de Adolfo Luis Pérez Zelaschi.

…La vida de Manolo, el gallego, corre peligro. En días pasados, y en uno particularmente malo, vació el tambor de su Colt .38 sobre la humanidad de Lungo Riquelme.

…Acto  inexplicable en un ser pacífico, tolerante y paciente, como debe serlo el dueño de un bar que tiene que tratar con variado tipo de gente con algún grado de alteración anímica y etílica.

…Cuando recuperó la conciencia en el hospital, descubrió la identidad de Lungo Riquelme. Era el jefe de la banda de asaltantes y matones de los Riquelme; el mayor de tres hermanos y cuya banda se tiroteaba desde hacía dos años con la policía de cuatro provincias y la Uruguaya.

…Aquel fatídico día del asalto a su bar, reaccionó a una humillación agravada, a una acción innecesaria y absurda por parte de Lungo Riquelme.

…Ahora, el plazo se ha vencido y el cumplimiento de la venganza de los Riquelme es inminente.

…Él espera. Afuera, un automóvil negro y mojado se ha detenido y hay un doble golpe de portezuelas.


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Pérez Zelaschi, Adolfo Luis: “Las señales”, en: Los mejores cuentos policiales I, Selección de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Emece editores, Buenos Aires, Argentina, 2002, p. 267.

 

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